lunes, octubre 26, 2009

En el ángulo muerto Vol. 33


Caída

La ciudad estaba prácticamente deshabitada, la población respetaba el estado de emergencia que el gobierno debilitado había implantado. Ninguno de los servicios mínimos estaba en marcha, las arterias principales no recogían el bullir habitual de un día laborable. Raúl había decidido evitar las grandes avenidas para no encontrarse con los numerosos controles que podían verse a cada paso, militares nerviosos, armados y atemorizados; combinación que se le antojaba especialmente peligrosa. Ana parecía desanimada, hundida en una especie de estado depresivo desde que se habían encontrado con el local vacío, parecía estar dándole vueltas a algo ya que prácticamente no había hablado.
- ¿Y ahora qué vamos a hacer? – Preguntó
- Déjame a mí, ya es hora de que terminemos con esta situación en la que me has metido.
- En esto te has metido tú solo, ¿no recuerdas la reunión a la que asististe por voluntad propia?
- Fui condicionado.
- ¿Condicionado por quién? – Preguntó Ana conteniendo una carcajada.
- Por ti.

Se hizo por un instante un silencio incómodo, ninguno sabía qué decir. Raúl, intentando evitar la conversación se asomó a una esquina para ver si el camino estaba despejado. Ana esperaba, parecían haberse cambiado las tornas, como si toda la energía que había desplegado hasta ese momento se hubiese disipado en un instante. Raúl pensó que debía sentirse abandonada a su suerte, estaría dolida por no encontrar ninguna señal o aviso en el local abandonado.
- Vamos por aquí. – Dijo Raúl decidido.
- ¿Sabes a dónde vamos? – En el tono de Ana se intuía cierta sorna.
- Por supuesto.
- ¿Dónde? Si se puede saber.
- Vamos a ver a la persona que podrá ayudarnos a resolver este asunto.
- ¿De quién se trata?
- Ya lo verás. Por ahora lo importante es evitar que seamos detenidos antes de que lleguemos.

Continuaron el resto del camino en silencio, buscando las rutas secundarias para no encontrarse con la policía o el ejército. Los combates definitivamente habían cesado, por lo que se podía intuir que los líderes habían restablecido el poder y la revuelta había sido sofocada. El panorama, en algunas zonas, era desalentador, muchos edificios todavía ardían tras los enfrentamientos y algunos cadáveres no habían sido recogidos. Los únicos que yacían tirados eran los de milicianos, personas comunes y sin entrenamiento que había tenido escasas oportunidades frente a las tropas oficiales. Raúl consideró con tristeza que había sido una muerte estúpida, la revuelta sólo había servido para empeorar las cosas, probablemente las siguientes semanas servirían para aplicar escarmientos ejemplares a gran parte de la población. Suspiró profundamente, la montaña de muertos sólo había valido para recrudecer la situación.
Llegaron a una calle céntrica pero estrecha, con edificios antiguos en buen estado. Un barrio de la zona alta, con arboledas y jardines cuidados; daba la impresión de que la revuelta no había llegado hasta esa zona. Se detuvieron frente a uno de los portales, Raúl sacó sus llaves y abrió el portón.
- ¿Dónde vamos? – Preguntó Ana.
- Estamos en casa de mi padre, él podrá prestarnos ayuda.

Se detuvieron en el segundo piso, una placa anunciaba que era el despacho de Jaime Zabala. Raúl abrió y entró el primero, se dirigió sin reparar en Ana hacía la habitación que usaba su padre para trabajar, el olor a café recién hecho flotaba en el ambiente. Lo sorprendió leyendo en su mesa, su cara mudó al verle de la sorpresa al pánico. Antes de que Raúl entendiese lo que estaba sucediendo la detonación le dejó con un pitido en el oído, se giró y vio a Ana correr en dirección a las escaleras. Cuando volvió la vista hacia su padre éste yacía sin vida sobre los folios que estaba leyendo, la sangre que manaba de su cráneo perforado comenzó a formar un enorme charco sobre el escritorio.

Nacho Valdés

4 comentarios:

Pitufet dijo...

Esto complicará su relación. No creo que la inviten a la comida familiar de los domingos.

raposu dijo...

Esta Ana nunca me pareció trigo limpio... pero esto no me lo podía esperar.

laura dijo...

Será cabrona!Ana no me cayó bien desde el principio, lo único que quería era aprovecharse de Raul. Espero que éste por fin espabile!
Un beso.
Laura.

raposu dijo...

Me da la impresión de que el escritor juega un poco con nosotros y las cosas no son como parecen

¿acaso ha dicho que fue Ana quien hizo el disparo?... ... ... ... ... ...