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viernes, marzo 09, 2012
Las Partes Secretas (Vol. 10) FIN
En este último punto del viaje ha llegado el momento de desprenderme de mí. Llegó la hora de quitarse el abrigo y colocarlo en la percha de la casa de uno mismo, la que habitan mis pies cada día y donde guardo el corazón.
Allí donde tengo un árbol con dos frutos que no paran de crecer; invaden mi espacio y me someten. Cuando ellos enferman, yo me descalabro. Cuando ellos miran, yo veo el futuro reflejado en sus ojos. ¿Quién me iba decir podía querer algo de una forma tan intensa y atemporal? Jamás sospeché que nada de eso viviese en mí y ahora entiendo que nunca en mi vida he sido tan feliz como lo soy hoy. Ni siquiera cuando buscaba el aire en las calles, las faldas de las musas o los sonidos que las ondas traían me sentí tan seguro de querer vivir, de seguir adelante. Me faltaba una ilusión y un buen día abrí los ojos y me encontré con dos donde antes solo había tiempo y espacio. Desde que estáis aquí descubrí un sentimiento como la compasión que es la isla más alejada del egoísmo y, en días como hoy en los que sufrís, deseo ponerme en vuestro lugar y soportar vuestras penas por pequeñas que estas sean. Es por eso que renuncio al pasado con nostalgia; vuelvo a repartir las cartas pues sé que en esta ocasión la mano será buena y no podré perder.
Mi mundo está ahora pintado con pequeñas huellas que me guían y modelan. Pisadas que abren caminos hasta ahora cerrados (algunos por derribo) y que me esperan con los brazos dispuestos a soportar mi peso. Cuando llega la mañana sé que no me hace falta abrir las ventanas para ver el sol, sé dónde tengo que mirar para tener luz y calor.
Sin embargo, por otro lado, el riesgo de quiebra es ahora mayor. Mis dos victorias me han hecho doblemente vulnerable. A veces sueño que mis frutos se secan, que la primavera no acaba de llegar y que el árbol ya no florece. Me hundo en esa posibilidad remota de quedarme solo y sufro en un medida igual a la que quiero. Es entonces cuando me llegan sus voces y yo corro hacia ellos a punto de llorar y seguro de ganar de nuevo. Bajamos juntos el río, en una misma balsa de madera construída para nuestro viaje. Y todo lo demás no nos importa: ni lo lunes, ni el frío, ni la pena, ni el tiempo, ni el cansancio, ni los silencios…
Mi mundo es pequeño pero mi vida cada día es más grande.
jueves, marzo 01, 2012
Las Partes Secretas (Vol. 9)
He tratado de juntar unas palabras para ti. Algo de electricidad que pueda de nuevo dar vida a los cables que nos unen. Y lo he hecho porque ayer, a pesar del tiempo que se ha ido, al pasar fugazmente por debajo de tu casa sentí de nuevo el deseo de cerrar tus ojos y subir tus persianas. Volvió a crecer en mí la sensación de huida hacia las puertas del cielo que siempre tuve cuando estuvimos juntos. Comprendí lo mal que te había querido y lo poco que llegué a entenderte. Dicen que el camino andado debe dejarse atrás, lo más alejado posible del centro del pecho. Sin embargo hay veces que merece la pena acelerar en esas curvas cerradas, aun a riesgo de provocar una colosal colisión de planetas.
Por eso pido hoy tu regreso, si es que algún día estuviste de verdad aquí. Extraño las notas a pie de página que dejaste escritas con tu letra indescifrable en nuestra historia de amor y los dibujos que ofrecían tus ojos buscando el punto exacto del sol de octubre. Pero aquella mañana en la que te dejé en la estación lo hice por que estaba harto de ti. Hice pedazos nuestras confesiones de amor y renegué de tus cantos de demonios. Y ahora, mirando la puerta de tu casa desde esta posición extraña y confusa, veo en el camino de vuelta a casa una excusa y no un propósito de enmienda. Yo y mi amor intermitente programado para echar de menos pero no para querer. Yo, como el eco de aquella canción que dejé grabada en tu contestador automático y que terminó por ser sospechosamente premonitoria. Yo, con el fulgor de nuestros miedos todavía intacto. Yo, borrando el camino de ceniza que unía nuestros patios. Yo, envuelto en mi mismo tratando de encontrarme. Nunca perdido y siempre de vuelta.
Por eso pido hoy tu regreso, si es que algún día estuviste de verdad aquí. Extraño las notas a pie de página que dejaste escritas con tu letra indescifrable en nuestra historia de amor y los dibujos que ofrecían tus ojos buscando el punto exacto del sol de octubre. Pero aquella mañana en la que te dejé en la estación lo hice por que estaba harto de ti. Hice pedazos nuestras confesiones de amor y renegué de tus cantos de demonios. Y ahora, mirando la puerta de tu casa desde esta posición extraña y confusa, veo en el camino de vuelta a casa una excusa y no un propósito de enmienda. Yo y mi amor intermitente programado para echar de menos pero no para querer. Yo, como el eco de aquella canción que dejé grabada en tu contestador automático y que terminó por ser sospechosamente premonitoria. Yo, con el fulgor de nuestros miedos todavía intacto. Yo, borrando el camino de ceniza que unía nuestros patios. Yo, envuelto en mi mismo tratando de encontrarme. Nunca perdido y siempre de vuelta.
jueves, febrero 23, 2012
Las Partes Secretas (Vol. 8)
Te mentirán si te dicen que no fui yo el que primero se fijo en ti en la Plaza Real de Barcelona clavando tus puntillas de bailarina para llegar a ver al cantante canadiense en su concierto privado. Harta de tu poco equilibrio echaste a correr como los perros del hipódromo del sábado por la noche y yo te seguí pero no pude alcanzarte. Corrí y corrí hasta que mi sangre se convirtió en petróleo pero era imposible llegar a tus brazos. Quise mirar al cielo y trazar con ayuda de las estrellas un mapa imposible que revelara tu situación concreta antes de perderte definitivamente pero lo único que pude reunir fue una gran sonrisa estrellada en lejano cielo de la ciudad condal.
No te volví a ver más. Me probé todo tipo de pieles tratando en vano de alimentar al animal que aquella noche de enero creció dentro de mí y que, de alguna manera, ya no me abandonaría. Con el tiempo logré domarlo e incluso limar un poco esas aristas suyas que tantas heridas internas me provocaban. El hombre de hielo y la chica de fuego era obvio que nada bueno podía salir de allí.
Cuando todo estaba ya perdido el árbol mostró un fruto nuevo, inesperado y brutal. Las venas volvieron a llenarse y el agua se estancó. El animal se abandonó en un sueño primitivo y eterno y ni siquiera oía su voz en las horas de sueño. Desapareció como un coche robado y esa ausencia no volvió a ser llenada por nada y nadie.
La cosecha fue generosa y ese fruto trajo otro. Aquellos dos frutos le volvieron vulnerable, era muy fácil herirle más que en ningún momento de su vida anterior.Fue entonces cuando no quedó más remedio que matar al animal por muy profundo y lejano que fuera ya su recuerdo. Llegado marzo se situó frente a un espejo en una de las tiendas de su ciudad y gritó el nombre de su animal en repetidas ocasiones y cada vez más alto y claro. Sin embargo solo su espigada y maltrecha figura se reflejaba en el espejo. Aguantó tres días con sus noches allí delante. Sabía que no debía irse, que ese era el momento, que nunca más había estado tan cerca de acabar con el animal. De pronto algo surgió de las sombras, una ráfaga de frío intenso, un ruído que crecía y crecía dentro de él. Sus ojos quedaron fijos en el espejo. Una lágrima comenzó a asomarse en sus pupilas incapaces de cerrarse.
Allí estaba, era él. Con un fuerte golpe rompió el cristal y al instante notó un dolor impreciso en su pecho. Su camisa blanca comenzó a teñirse de rojo.
Cayó al suelo apoyado en sus rodillas y comprendió que era su fin pues nadie es capaz de vivir sin ese animal esperando a salir.
Se deshace Abril entre huesos de perros muertos y flores silvestres que crean caminos no transitados por nadie, al lado de las autovías que comunican las ciudades y los amores.
No te volví a ver más. Me probé todo tipo de pieles tratando en vano de alimentar al animal que aquella noche de enero creció dentro de mí y que, de alguna manera, ya no me abandonaría. Con el tiempo logré domarlo e incluso limar un poco esas aristas suyas que tantas heridas internas me provocaban. El hombre de hielo y la chica de fuego era obvio que nada bueno podía salir de allí.
Cuando todo estaba ya perdido el árbol mostró un fruto nuevo, inesperado y brutal. Las venas volvieron a llenarse y el agua se estancó. El animal se abandonó en un sueño primitivo y eterno y ni siquiera oía su voz en las horas de sueño. Desapareció como un coche robado y esa ausencia no volvió a ser llenada por nada y nadie.
La cosecha fue generosa y ese fruto trajo otro. Aquellos dos frutos le volvieron vulnerable, era muy fácil herirle más que en ningún momento de su vida anterior.Fue entonces cuando no quedó más remedio que matar al animal por muy profundo y lejano que fuera ya su recuerdo. Llegado marzo se situó frente a un espejo en una de las tiendas de su ciudad y gritó el nombre de su animal en repetidas ocasiones y cada vez más alto y claro. Sin embargo solo su espigada y maltrecha figura se reflejaba en el espejo. Aguantó tres días con sus noches allí delante. Sabía que no debía irse, que ese era el momento, que nunca más había estado tan cerca de acabar con el animal. De pronto algo surgió de las sombras, una ráfaga de frío intenso, un ruído que crecía y crecía dentro de él. Sus ojos quedaron fijos en el espejo. Una lágrima comenzó a asomarse en sus pupilas incapaces de cerrarse.
Allí estaba, era él. Con un fuerte golpe rompió el cristal y al instante notó un dolor impreciso en su pecho. Su camisa blanca comenzó a teñirse de rojo.
Cayó al suelo apoyado en sus rodillas y comprendió que era su fin pues nadie es capaz de vivir sin ese animal esperando a salir.
Se deshace Abril entre huesos de perros muertos y flores silvestres que crean caminos no transitados por nadie, al lado de las autovías que comunican las ciudades y los amores.
jueves, febrero 16, 2012
Las Partes Secretas (Vol. 7)
Entré en aquella sala buscando a una chica que había visto fugazmente en el metro y que me recordó de una manera casi fotográfica al ángel que saltó junto a mi desde el puente de Machado hasta el rio del camino de Santa Ana. Sin embargo una vez dentro del recinto no encontré a nadie. Solo cuatro paredes blancas que parecían estar esperando pintura y tinta y que me acompañaron en aquel momento de profunda tristeza y melancolía. Me pasa a menudo; creo verte en cualquier parte pero cuando sigo tu estela no encuentro ningún cometa en la cabeza. Hace unos meses me dijeron que te habías mudado a Madrid para buscar un mejor empleo y otra vida. Un poco más tarde me comentaron que habías cambiado Madrid por Berlín para poco después volar hasta Buenos Aries. Allí habías visitado a antiguos amigos en el barrio de Palermo para después perderte por la ruta de Cortázar. Yo, seguí todos esos trayectos en mi cabeza tratando de imaginar cómo lo pasarías en cada una de esas ciudades: a quién verías, a quién amarías o cómo te sentirías en esas frías habitaciones de hotel o en los viejos asientos de los aviones. No fui capaz de mimetizarme con todas esas palabras mudas que mi mente producía pero mi boca era incapaz de pronunciar.
Me vacío en la puerta de mi casa con un desconocido: “No puedo olvidarme de ella. Tengo la sangre convertida en mercurio por sus ojos tristes. Me ha crecido al lado del corazón un campo de trigo que cuando sopla el viento es la viva imagen de su pelo de ninfa sin dueño. He recorrido todos estos caminos sin importarme si las suelas de mis zapatos dejaban un rastro de sangre. Y todo lo he hecho por ella.” El tipo extraño y sin rostro me sugiere que quizá sea el momento de dar un paso al costado y abandonar esa estela que persigo; viajar a la velocidad de la luz a otro estanque más tranquilo, sin riesgo de tormenta.
Pero claro, eso sería demasiado aburrido. Así que decido subir al tejado y buscar el cielo. Es entonces cuando comprendo que el cielo tiene más de suelo que de cualquier otra cosa y que siempre fue más fácil dejarse caer que esperar a aprender a volar.
Decido saltar y acabar con todo. Mañana quizá será otro el que empiece la búsqueda donde yo la dejé.
Me vacío en la puerta de mi casa con un desconocido: “No puedo olvidarme de ella. Tengo la sangre convertida en mercurio por sus ojos tristes. Me ha crecido al lado del corazón un campo de trigo que cuando sopla el viento es la viva imagen de su pelo de ninfa sin dueño. He recorrido todos estos caminos sin importarme si las suelas de mis zapatos dejaban un rastro de sangre. Y todo lo he hecho por ella.” El tipo extraño y sin rostro me sugiere que quizá sea el momento de dar un paso al costado y abandonar esa estela que persigo; viajar a la velocidad de la luz a otro estanque más tranquilo, sin riesgo de tormenta.
Pero claro, eso sería demasiado aburrido. Así que decido subir al tejado y buscar el cielo. Es entonces cuando comprendo que el cielo tiene más de suelo que de cualquier otra cosa y que siempre fue más fácil dejarse caer que esperar a aprender a volar.
Decido saltar y acabar con todo. Mañana quizá será otro el que empiece la búsqueda donde yo la dejé.
jueves, febrero 09, 2012
Las Partes Secretas (Vol. 6)
Ella murió ayer. Eso fue lo que la voz, al otro lado de la línea telefónica, le susurró sin ningún tipo de delicadeza o paracaídas. Las palabras le sonaron en un primer contacto a jerga extranjera para poco a poco convertirse en una singular y enfermiza marcha fúnebre.
Hacía años que no sabía de ella y eso le hacía suponer que estaba bien. Podría decir que hasta había conseguido delimitar su recuerdo a una pequeña esquina en la parte más oscura de su cerebro. Allí, en esa ínfima versión de él, ella se había olvidado y abandonado. Cuando ella entró en su vida eran días de oro para su juventud y curiosidad. Es verdad que nunca fue lo suficientemente importante como para dirigir la vida de él pero por algún motivo cada cierto tiempo su cara volvía a visitarle.
Aquellas tres palabras suspendidas en el altavoz del teléfono le habían perforado el tórax y abierto las costillas de par en par. Su corazón estaba expuesto como una habitación con vistas a los picos helados de las montañas del norte.
Así que mientras oscurecía movió sus pasos hasta las afueras de la ciudad queriendo dejar atrás esa inesperada noticia . Se dijo así mismo que cuando se apagasen las luces de las ventanas de las casas, el recuerdo de ella y de su muerte haría lo propio y así podría seguir con su vida como lo había hecho hasta hacía unas horas.
Sentado allí, esperando el apagón, puso sus ojos en blanco; sabía que esa era la mejor manera de llegar a uno mismo. Recorrió los tejidos que unían sus recuerdos con sus emociones teniendo claro que el cerebro nunca sufre dolor sin que el corazón lo apremie. Llegó hasta esa esquina oscura donde ella dormía y la invitó a salir. Ella negó con la cabeza haciendo que su largo cabello se pareciese al baile que los estorninos ofrecen a la noche antes de abandonarla. Eso le hizo reir. Se acordó de aquel amigo suyo que estaba loco por ella y que nunca se atrevió a decirle nada y se le borró la sonrisa.
Es mejor que te quedes aquí . El sol no esperará a que acabes de desperezarte. Vuelve a tu nido. Yo me ocuparé de todo dijo él sin fijar sus ojos en nada. Ella no contestó.
Sus pupilas volvieron a la realidad y se fijaron de nuevo en las casas. Las luces de la ciudad seguían prendidas y frente a ellas decidió no volver jamás a mirar más allá de la siguiente esquina que tuviese que doblar.
Hacía años que no sabía de ella y eso le hacía suponer que estaba bien. Podría decir que hasta había conseguido delimitar su recuerdo a una pequeña esquina en la parte más oscura de su cerebro. Allí, en esa ínfima versión de él, ella se había olvidado y abandonado. Cuando ella entró en su vida eran días de oro para su juventud y curiosidad. Es verdad que nunca fue lo suficientemente importante como para dirigir la vida de él pero por algún motivo cada cierto tiempo su cara volvía a visitarle.
Aquellas tres palabras suspendidas en el altavoz del teléfono le habían perforado el tórax y abierto las costillas de par en par. Su corazón estaba expuesto como una habitación con vistas a los picos helados de las montañas del norte.
Así que mientras oscurecía movió sus pasos hasta las afueras de la ciudad queriendo dejar atrás esa inesperada noticia . Se dijo así mismo que cuando se apagasen las luces de las ventanas de las casas, el recuerdo de ella y de su muerte haría lo propio y así podría seguir con su vida como lo había hecho hasta hacía unas horas.
Sentado allí, esperando el apagón, puso sus ojos en blanco; sabía que esa era la mejor manera de llegar a uno mismo. Recorrió los tejidos que unían sus recuerdos con sus emociones teniendo claro que el cerebro nunca sufre dolor sin que el corazón lo apremie. Llegó hasta esa esquina oscura donde ella dormía y la invitó a salir. Ella negó con la cabeza haciendo que su largo cabello se pareciese al baile que los estorninos ofrecen a la noche antes de abandonarla. Eso le hizo reir. Se acordó de aquel amigo suyo que estaba loco por ella y que nunca se atrevió a decirle nada y se le borró la sonrisa.
Es mejor que te quedes aquí . El sol no esperará a que acabes de desperezarte. Vuelve a tu nido. Yo me ocuparé de todo dijo él sin fijar sus ojos en nada. Ella no contestó.
Sus pupilas volvieron a la realidad y se fijaron de nuevo en las casas. Las luces de la ciudad seguían prendidas y frente a ellas decidió no volver jamás a mirar más allá de la siguiente esquina que tuviese que doblar.
viernes, febrero 03, 2012
Las Partes Secretas (Vol. 5)
Ya no sé cómo decirte que te quiero. Lo he hecho de tantas formas que casi ya perdió el sentido este amor animal mío. La primera vez que te vi estabas en aquella esquina esperando un autobús que parecía no querer llegar y yo recé para que, viniese quien viniese, tu siguieses allí quieta en medio de ese desierto de gente que a esa hora habita Valencia. Después te encontré en millones de sitios y en muchos de ellos no eras realmente tú pero yo te veía igualmente. Estabas presente en las otras caras y cuerpos que componían mi existencia. Todas las canciones hablaban de ti a diario y en estéreo amplificando tu poder divino. Recuerdo el dia que me arrastré por el suelo del parque del oeste para comprobar si tus huellas eran realmente de oro o si solo era yo uno más en el fango.
Ahora el tiempo ha pasado y ha sido justo. No te tengo conmigo pero tampoco estás con nadie y ya no necesito estar todo el dia pensando en quién se te estará follando, ni en quién llevará comida y dinero a tu boca de plata. He conseguido limpiar mis ojos. La cabeza sigue desamueblada como las casas de Nueva Orleans y sin visos de rescate pero yo siempre antepuse el corazón a cualquier cosa, por lo que no me preocupa demasiado si mi cabeza es una bomba de relojería o un coche sin frenos. Lo que realmente me da miedo es que desde que te enterré en el sotano de mi casa no pasa un día sin que tu voz pida más tierra sobre tu cuerpo y más calor humano en tus huesos. Así que de pronto vuelvo a estar en el mismo punto en que estaba cuando todavía vivías y pienso en saltar por la ventana aun sabiendo que la caída me matará y que nadie podrá contar nuestra historia, ni iluminar los secretos que tienen todas las casas de esta maldita ciudad.
Mañana lo volveré a pensar y seguramente, todo vuelva a llevarme al mismo punto de fuga: ahora que no estas yo te quiero más que nunca.
Ahora el tiempo ha pasado y ha sido justo. No te tengo conmigo pero tampoco estás con nadie y ya no necesito estar todo el dia pensando en quién se te estará follando, ni en quién llevará comida y dinero a tu boca de plata. He conseguido limpiar mis ojos. La cabeza sigue desamueblada como las casas de Nueva Orleans y sin visos de rescate pero yo siempre antepuse el corazón a cualquier cosa, por lo que no me preocupa demasiado si mi cabeza es una bomba de relojería o un coche sin frenos. Lo que realmente me da miedo es que desde que te enterré en el sotano de mi casa no pasa un día sin que tu voz pida más tierra sobre tu cuerpo y más calor humano en tus huesos. Así que de pronto vuelvo a estar en el mismo punto en que estaba cuando todavía vivías y pienso en saltar por la ventana aun sabiendo que la caída me matará y que nadie podrá contar nuestra historia, ni iluminar los secretos que tienen todas las casas de esta maldita ciudad.
Mañana lo volveré a pensar y seguramente, todo vuelva a llevarme al mismo punto de fuga: ahora que no estas yo te quiero más que nunca.
viernes, enero 27, 2012
Las Partes Secretas (Vol. 4)
El peso visual siempre recae en sus ojos. Es por ellos por donde irremediablemente tienes que entrar hasta su cueva. El equilibrio, que reside en sus brazos, marca una dirección siempre directa hacia la luz.
La primera vez que dormí bajo su amparo tuve la sensación de estar en un tren que iba a descarrilar pero que finalmente recuperaba su posición y evitaba el desastre. Luego, la noche que dios nos abandonó, sentí que su libertad era capaz de despertar a mis sueños y llevarlos hacia algo más tangible y cercano. Día a día fue extrayendo de mí cosas que yo desconocía poseer. Las partes secretas, como un nudo deshilachado, fueron abriéndose y mostrándose en los lugares más improbables y sorprendentes.
Al final tenía tanta luz en vida que la noche desapareció por completo. Quedé bendecido, salvado e inmaculado aunque también expuesto para siempre al peso visual de sus ojos.
Una vez acomodado en esa confortable situación de mar en calma y con todos mis poderes en su nivel máximo tuve que enfrentarme de nuevo a la oscuridad. Ella, que quito las agujas a todos mis relojes, me suplicó que adelantara los suyos hasta que ya no pudiesen dar más cuerda. Se puso ante mí de rodillas y grito que ya no quería esperar más mañanas, ni sentarse a ver pasar las tardes. Que lo único que necesitaba era la noche más negra y larga.
Le concedí su deseo. La maté. Quemé su cuerpo mientras el mío se quedaba frío. Después de eso, el sol mostró su rayo verde y supe que una nueva vida comenzaba para mí. Empecé a visitar a más gente y a concederles todos sus deseos. La mayoría de ellos querían muertes violentas y trágicas pero algunos solo querían ser amados.
En cierto modo, todos ellos solo buscaban su equilibrio. Yo solo tuve que inclinar un poco la balanza.
El peso del alma hizo el resto.
La primera vez que dormí bajo su amparo tuve la sensación de estar en un tren que iba a descarrilar pero que finalmente recuperaba su posición y evitaba el desastre. Luego, la noche que dios nos abandonó, sentí que su libertad era capaz de despertar a mis sueños y llevarlos hacia algo más tangible y cercano. Día a día fue extrayendo de mí cosas que yo desconocía poseer. Las partes secretas, como un nudo deshilachado, fueron abriéndose y mostrándose en los lugares más improbables y sorprendentes.
Al final tenía tanta luz en vida que la noche desapareció por completo. Quedé bendecido, salvado e inmaculado aunque también expuesto para siempre al peso visual de sus ojos.
Una vez acomodado en esa confortable situación de mar en calma y con todos mis poderes en su nivel máximo tuve que enfrentarme de nuevo a la oscuridad. Ella, que quito las agujas a todos mis relojes, me suplicó que adelantara los suyos hasta que ya no pudiesen dar más cuerda. Se puso ante mí de rodillas y grito que ya no quería esperar más mañanas, ni sentarse a ver pasar las tardes. Que lo único que necesitaba era la noche más negra y larga.
Le concedí su deseo. La maté. Quemé su cuerpo mientras el mío se quedaba frío. Después de eso, el sol mostró su rayo verde y supe que una nueva vida comenzaba para mí. Empecé a visitar a más gente y a concederles todos sus deseos. La mayoría de ellos querían muertes violentas y trágicas pero algunos solo querían ser amados.
En cierto modo, todos ellos solo buscaban su equilibrio. Yo solo tuve que inclinar un poco la balanza.
El peso del alma hizo el resto.
jueves, enero 19, 2012
Las Partes Secretas (Vol. 3)
Suele sentarse a esperar que al invierno no le queden asuntos pendientes con su alma, que día a día vaya desapareciendo la capa de nieve sobre el tejado, el vaho de las ventanas y la latente humedad de los huesos. Arrastra, dentro de él, una infinita lucha contra la incapacidad de vivir y decidir por uno mismo. Tiene presente el delgado hilo que une los deseos con las mentiras y el perfeccionismo con la autodestrucción. Sabe que no hay material más resistente que el acero y que él esta compuesto por una amalgama de piedras y flores que le hace sentir incomodo ante el resto del mundo. Escribe palabras de amor pues está convencido de que mientras lo siga haciendo no podrá morirse nunca.
Ella también espera aunque no las mismas cosas que él. Ella quiere que él deje de pensar en el invierno y que lo haga más en ella. Desea que vuelva ser el de antes, cuando ella era lo primero y único que guiaba sus pasos. Anhela vivir de forma permanente en ese lugar donde ellos fueron dos y no en este incómodo presente de uno más uno. Los caminos, que les unen y separan, no forman parte del destino sino de algo más sagrado y catárquico
Todo se termina, incluso el invierno. Y las penas parecen de otro color cuando el sol las golpea con fuerza.
Así que un día de marzo él se levantó y resolvió que las manos de ella no podían más que repararle y actualizarle. Volvió a sentir las constantes vitales del momento presente y la sangre remontando las venas. Entonces dejó de escribir palabras de amor y, a partir de ese momento, solo quiso hablar de la verdad.
Ella también espera aunque no las mismas cosas que él. Ella quiere que él deje de pensar en el invierno y que lo haga más en ella. Desea que vuelva ser el de antes, cuando ella era lo primero y único que guiaba sus pasos. Anhela vivir de forma permanente en ese lugar donde ellos fueron dos y no en este incómodo presente de uno más uno. Los caminos, que les unen y separan, no forman parte del destino sino de algo más sagrado y catárquico
Todo se termina, incluso el invierno. Y las penas parecen de otro color cuando el sol las golpea con fuerza.
Así que un día de marzo él se levantó y resolvió que las manos de ella no podían más que repararle y actualizarle. Volvió a sentir las constantes vitales del momento presente y la sangre remontando las venas. Entonces dejó de escribir palabras de amor y, a partir de ese momento, solo quiso hablar de la verdad.
jueves, enero 12, 2012
Las Partes Secretas (Vol. 2)
Nadie brilla como tú bajo la luz fluorescente de Consum.
Paseas tu divina comedia por la sección de congelados mientras todos los colgados de la calle Turia esperan una reacción en cadena que haga saltar tu ropa. Pero eso no ocurre nunca.
Sales del supermercardo desafíando el frío viento de la ciudad vestida únicamente con esa tela roja, que es una segunda piel apunto de caer. Caminas consiciente de que tus pasos guían a todo un rebaño de corderos que mataría a su madre por pasar unas horas contigo.
Después ya recogida en tu humilde piso, más menos a la hora del te, relames tu cuerpo de gata sobre la alfombra justo cuando el sol descarga sobr ella toda su potencia incandescente.
El día pasa y tú repasas con noble indiferencia los incendios que provocaste esta semana: aquel desplante al tipo de la gasolinera que con gesto apologético te dijo que no tenías dinero suficiente para llenar el coche, tu mirada intencionadamente lasciva a los obreros que trabajan en la avenida, el bofetón con sabor a cine negro al hombre que miró descaradamente tu escote abierto como las puertas de un tranvía en Lisboa. Esto solo es una breve selección de esas pequeñas piezas que encajas y revientas a tu antojo para divertirte y contarlo a tus más allegadas, con las que te revuelcas de vez en cuando pues sabes que siempre hay que dejar una puerta abierta al deseo.
Sin embargo, llega un día en que todo se paga de una manera o de otra y hoy es ese día.
Hoy te levantas y ojeas la prensa que alguien dejó en la entrada de tu bloque de apartamentos y lees, que un hombre se ahogó en la playa de la Malvarrosa, y que ese pobre diablo, dejó una nota manuscrita y que en las palabras que dan forma a ese texto de despedida aparece tu nombre repetido casi hasta el infinito en diferentes tamaños, lenguas, tipografías y colores. Es entonces cuando levantas la vista del papel y compruebas que lo que queda después del incendio solo son cenizas y polvo de estrellas. Y que, de un modo que ahora desconoces, toda esa basura está ya dentro de tu casa y no hay forma de sacarla de ahí.
Algo en tu cerebro hace crac.
Agarras con fuerza el bote de pastillas de tu mesilla de noche. Abres tu preciosa boca, protegida por esos labios carnosos dulces y únicos, y engulles a tus pequeñas amigas de color rojo.
Al instante todo se apaga, y en la radio de tu vecino se escuchan unas trompetas que anuncian la llegada del verano y el fin de los días de trabajo.
Amén.
domingo, enero 01, 2012
Las Partes Secretas (Vol. 1)
Recurrió a la acupuntura para calmar el dolor que aquel gran amor había dejado escrito en sus huesos. Solicitó un traslado en el trabajo para averiguar si un lugar ajeno, donde su nombre no apareciese en las historias cotidianas, lograba hacerle ser otro y olvidar.
Una vez instalado, llenó su casa de discos, libros y pinturas que nunca antes habría comprado. Quiso así delinear con precisión la silueta del nuevo hombre que iba a ser. Cambió todos sus hábitos, su vestimenta, su mirada, su manera de caminar y hasta envejeció diez años en un mes.
Pasado un tiempo, comprobó cómo esa ciudad, a un ritmo loco y desenfrenado, dejaba de serle extraña. Percibió cómo el timbre de su vivienda, que el primer día le transportó a una cálida noche veraniega en la ópera, se le antojaba una estridente pelea de gatos en medio del salón.
Fue allí, y en ese preciso instante, donde el hombre nuevo que había construido comenzó su proceso de destrucción programado. Y, claro, ella regresó a su mente igual que los luminosos anuncios del cine reflejados en los cristales de los coches de la avenida. Pensó en su vida como en una película sin fin.
Precipitó entonces el regreso a su ciudad natal para comprobar si todavía el mar le estaba esperando. Hundió sus pies en la arena y avanzó hacia el furioso oleaje. Se llenó los bolsillos de piedras y se abandonó al vaivén de las olas. Fue entonces cuando, al fin, después de cinco años, sonrió otra vez y soñó un imposible: el cuerpo de ella enterrado bajo la infinita arena de esa playa desierta donde él había determinado ahogarse.
El final de la historia quedó lleno de agua.
Una vez instalado, llenó su casa de discos, libros y pinturas que nunca antes habría comprado. Quiso así delinear con precisión la silueta del nuevo hombre que iba a ser. Cambió todos sus hábitos, su vestimenta, su mirada, su manera de caminar y hasta envejeció diez años en un mes.
Pasado un tiempo, comprobó cómo esa ciudad, a un ritmo loco y desenfrenado, dejaba de serle extraña. Percibió cómo el timbre de su vivienda, que el primer día le transportó a una cálida noche veraniega en la ópera, se le antojaba una estridente pelea de gatos en medio del salón.
Fue allí, y en ese preciso instante, donde el hombre nuevo que había construido comenzó su proceso de destrucción programado. Y, claro, ella regresó a su mente igual que los luminosos anuncios del cine reflejados en los cristales de los coches de la avenida. Pensó en su vida como en una película sin fin.
Precipitó entonces el regreso a su ciudad natal para comprobar si todavía el mar le estaba esperando. Hundió sus pies en la arena y avanzó hacia el furioso oleaje. Se llenó los bolsillos de piedras y se abandonó al vaivén de las olas. Fue entonces cuando, al fin, después de cinco años, sonrió otra vez y soñó un imposible: el cuerpo de ella enterrado bajo la infinita arena de esa playa desierta donde él había determinado ahogarse.
El final de la historia quedó lleno de agua.
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