lunes, octubre 05, 2009

En el ángulo muerto Vol. 30


En la profundidad

El túnel avanzaba sin remisión, sin interrupciones, parecía no tener fin, daba la impresión de bajar a las entrañas de la ciudad. La linterna no era capaz de alumbrar más que unos cuantos metros, más allá de su haz, la más profunda de las tinieblas parecía querer tragar a los dos individuos que caminaban entre la suciedad y los desperdicios. Raúl tenía la impresión de que se había embarcado en un viaje sin retorno, en una fatídica excursión que a todas luces acabaría mal. Se encontraba en estado de alerta, reticente a avanzar, aunque a esas alturas tampoco quería irse sólo, se sentía dependiente de Ana que parecía moverse con mayor soltura, como acostumbrada al subsuelo por el que avanzaban.
El corredor era semicircular, de cemento y, por el suelo, por el centro, avanzaba un riachuelo inmundo repleto de porquería. Los únicos testigos de esta incursión eran las cucarachas, que había a millares, y las ratas que de vez en cuando asomaban su hocico en busca de algo que llevarse a la boca. A la corriente, desembocaban infinidad de cañerías que descargaban los desperdicios de la urbe. Toda la basura imaginable se encontraba rodeando a Raúl, aunque pensó que eso era mejor que estar muerto. Tenía que avanzar encorvado, cuidando su cabeza de no golpearse contra el techo. Cada cierto trecho Ana se veía obligada a parar para orientarse, cada una de las galerías tenía una placa con el nombre de la calle bajo la que discurría, la ciudad daba la impresión de estar duplicada debajo del asfalto.
Raúl se detuvo súbitamente, estaba hastiado de caminar sin saber qué dirección llevaban o, ni tan siquiera, qué es lo que su compañera tenía planeado. – Necesito descansar un segundo. – Utilizó un tono suave para intentar controlarse.
- Pararemos unos segundos, pero no podemos perder mucho tiempo.
- Ana.
- Dime.
- Necesito respuestas.
- ¿Qué es lo que quieres saber? – Prácticamente no se veían las caras en la penumbra del alcantarillado.
- Necesito que me digas qué es lo que vamos a hacer, qué es lo que quieres de mí.
- No quiero nada de ti, lo único que hago es salvarte la vida. No entiendes que has entrado en contacto con detractores del régimen, el estado no tendría ninguna consideración contigo.
- Quizás si hablásemos con mi padre. Él te conoce, podría interceder, ya sabes que tiene influencias y puede que estuviese dispuesto a ayudarte.
- Ya hablaremos, por el momento es mejor que me hagas caso y que nos escondamos una temporada.
- ¿Cómo sabes que no darán con nosotros? ¿Cómo sabes que no es mejor buscar ayuda.
- Vamos a ir a uno de los lugares que utilizamos para reunirnos y acumular armas. Seguro que nos encontramos a alguien o algo que nos sirva de ayuda. Tú no te preocupes.

Ana se levantó súbitamente continuó a caminar en dirección a lo que a Raúl se le antojó la misma puerta del infierno, se quedó unos instantes dubitativo, sin saber que hacer. Podría salir al exterior en cualquier punto de la ciudad e ir al despacho de su padre en busca de apoyo, mientras recapacitaba veía como el punto de luz de la linterna se alejaba. Ana frenó un instante e hizo un movimiento para que le siguiese, Raúl volvió a la realidad y apretó el paso para alcanzarla. No tenía valor para enfrentarse sólo a la situación en la que estaba envuelto.

Nacho Valdés

2 comentarios:

raposu dijo...

Pues juraría que habia escrito un comentario, pero debí olvidar darle a "publicar".

Más o menos decía (digo) que el relato nos está manejando como lo hace con Raúl y no sabemos muy bien para dónde va a tirar. Al principio parecía una cosa, luego cambió y pareció otra, luego un largo silencio (justificado, eso sí) y ahora parece recuperar el hilo inicial, los miedos y dudas de Raúl metido en un embrollo sin comerlo ni beberlo.

¿Donde nos llevará?

laura dijo...

Creo que deberias publicar ya lo siguiente y no esperar al lunes que viene, estoy super intrigada!!!!!!!!!!
Un besazo.
Laura.