miércoles, octubre 14, 2009

En el ángulo muerto Vol. 31


Descubrimiento

Al mover la pesada tapa del alcantarillado la tenue luz de las farolas inundó el túnel, a pesar de su escasa intensidad Raúl tuvo que cerrar los ojos un instante para acostumbrarse. Salieron con precaución, celosos de no hacer demasiado ruido y de ser descubiertos. Ana salió la primera, miró a ambos lados para comprobar que nadie acechase escondido. Raúl plagió sus movimientos, hizo lo mismo que ella, con movimientos nerviosos, todavía resentido del golpe en la rodilla aceleró para unirse a su compañera. Se refugiaron tras unos cubos de basura, apagaron la linterna y tácitamente decidieron mantenerse unos minutos en silencio, descansando y comprobando que estuviesen solos. Raúl estaba abatido, tirado sobre la mugre y con el mono totalmente cubierto por la suciedad que se le había adherido tras su recorrido por el subsuelo. No sabía dónde se encontraban, a qué lugar habían desembocado. Tenía la sensación de que la cabeza iba a explotarle, que no sería capaz de aguantar la presión a la que estaba siendo sometido. Se sujetaba la cabeza entre las manos, pensativo y totalmente ausente a las revisiones a las que Ana estaba sometiendo su material.
- Quítate el mono. – Le ordenó.
- ¿Qué? – Raúl estaba ido, agotado y absolutamente desmoralizado.
- Que te quites la ropa sucia, no podemos ir así por la calle.

Ana estaba quitándose los harapos sucios, dejando su pecho al descubierto para ponerse una camisa limpia que llevaba en su mochila. El apetito sexual de Raúl despertó durante un instante, recordó su piel suave, de la que antaño había disfrutado, y una avalancha de recuerdos volvió a su mente de manera súbita. Antes de que terminase de cambiarse se acercó a ella, se quitó el mono y se quedó observando sus rasgos mientras una casi olvidada energía volvía a adueñarse de su cuerpo falto de fuerzas y arrojo. Su aletargada pulsión sexual parecía darle un nuevo empuje, rodeó a Ana con su brazo e intentó conectar con unos labios cuyo recuerdo estaba prácticamente sepultado por el indefectible avance del tiempo. Era esta una parte de su cuerpo que siempre le había resultado especialmente voluptuosa y atractiva, eran carnosos, abundantes y resaltaban en su rostro. Ella se alejó bruscamente, sorprendida en sus quehaceres por el ímpetu masculino que le acechaba.
- ¿Qué coño haces? – Le espetó nerviosa.
- ¿A ti que te parece?
- No es momento para estas tonterías. – Dijo mientras intentaba abrochase la camisa. Raúl se lo impedía, comenzó a acariciarla mientras ella se resistía ligeramente.
- Quítate. – Protestó mientras ponía su mano entremedias, él la quitó con delicadeza y siguió acariciando el cuerpo sensual que tenía a su disposición.

Se acercó a su boca, Ana se dejó besar, parecía abandonarse a la deriva como si fuese un barco abatido por la fuerza de la tormenta. Sus respiraciones se aceleraron, de manera inconsciente eran conocedores de que no tenían demasiado tiempo. En la lejanía, de entre los callejones de la ciudad todavía nacía algún disparo que llegaba hasta sus oídos. Ellos estaban ajenos a todo lo que sucedía en la urbe, a toda la penuria que envolvía la situación en la que se encontraban. Se desnudaron parcialmente, de manera brusca y acelerada, buscando en el cuerpo ajeno el refugio para todas las vivencias les atenazaban. Se tiraron sobre la basura, obviando el olor y la pestilencia que les envolvía y que ellos mismos producían tras arrastrarse por el alcantarillado. Se dejaron llevar por la pasión desmedida, ahogando los gemidos y sonidos que se producían por su furtiva unión. En un instante ambos se saciaron, su rapidez obedecía a la necesidad, a la falta de práctica que habían sufrido en los últimos tiempos. Cuando terminaron no comentaron nada, sólo un vistazo fugaz fue suficiente para afianzar la confianza que parecían estar recuperando. Ana se levantó ya vestida dirigiéndose a Raúl. – Todavía tenemos que reunirnos con mis compañeros. Date prisa. – Él se levantó dócilmente y siguió sus pasos que se perdían por uno de los callejones de la urbe.

Nacho Valdés

6 comentarios:

raposu dijo...

Se demuestra una vez más que siempre hay tiempo para... el amor.

Este Raul es una fiera.

laura dijo...

Yo creo que Raul es un pelele!
Pero como siempre me dejas con la intriga!
Un besazo.
Laura.

Pitufet dijo...

Sinceramente, como lector habitual, este giro romántico tan tosco...no sé, rompe un poco demasiado.

nacho dijo...

Bueno, amigo Pitufet, esto es lo que se llama "licencia poética". Gracias por la observación (además agradezco tu lectura y crítica habitual). La semana que viene prometo volver a desgranar un poco más la historia, sólo digo, justificándome un poco, que esto responde al relato que tengo planeado y que está plenamente justificado.

Besos.

nacho dijo...

Bueno, amigo Pitufet, esto es lo que se llama "licencia poética". Gracias por la observación (además agradezco tu lectura y crítica habitual). La semana que viene prometo volver a desgranar un poco más la historia, sólo digo, justificándome un poco, que esto responde al relato que tengo planeado y que está plenamente justificado.

Besos.

Anónimo dijo...

jaja a mi me sigu gustando!!! jaja e leido la palabra pelele jaja como me a recordado al ausias...valdes sabra de k habló jaja
un saludo
BORJA