lunes, febrero 10, 2014

En el ángulo muerto Vol. 217


Horas de sueño

http://1.bp.blogspot.com/-1ZRQjnSSDBg/TkCU1DcSHQI/AAAAAAAAALM/j6ENueol904/s1600/20110429134251-cama-deshecha.jpg

Llamaron casi imperceptiblemente a la puerta, el detective había adormecido su conciencia y rebajado su actividad de forma que estaba prácticamente dormido sobre el tablero en el que estaba la grabadora y el cableado desperdigado en todas direcciones. A pesar de lo incómodo de la silla, su cuerpo se había hecho a la postura y había conseguido relajarse durante un tiempo en el que no había sido consciente de nada. La cinta seguía girando mientras grababa por lo que no podía haber pasado más de cuarenta y cinco minutos, nada comparado con las horas interminables que había estado encerrado en ese observatorio. Volvieron a llamar, en esa ocasión con más intensidad y, después de mirar el reloj, cayó en la cuenta de que se trataba de Esteban que iba a sustituirle.
El agente entró con cara de preocupación, había estado tocando discretamente y le había costado que su superior se percatase de su presencia. Miró a la mesa y cayó en la cuenta de que el detective había estado fumando toda la noche, un cenicero improvisado rebosaba de las colillas consumidas y el ambiente estaba cargado por la fragancia de la nicotina. Se dio cuenta de que Vázquez no tenía buena cara, las pronunciadas ojeras de color violeta y la barba de dos o tres días le hacían parecer desaliñado. Lo curioso era que la noche anterior, cuando le había dejado en el puesto de vigilancia, tenía una presencia mucho más cuidada y no parecía tan hundido pues daba la impresión de haber recibido una noticia pésima que le hubiese dejado abatido. Además, tenía pinta de estar desorientado y perdido y, a todas luces, se había quedado dormido en su puesto. Tampoco era para darle más importancia, los dos estaban muy cargados de trabajo, pero le parecía curioso dada la profesionalidad de la que siempre había hecho gala el detective.
Vázquez volvió a sentarse en el puesto que acababa de dejar, se volvió a poner los auriculares y su expresión viró hacia la concentración. Parecía intentar captar algo de lo que sucedía abajo, un último esfuerzo antes de dejar que el agente Esteban se hiciese con el puesto. Desistió a los pocos segundos, el sonido de la estática que llegaba por los micrófonos se había instalado en su cabeza y le estaba procurando un dolor de cabeza intenso y punzante. Se levantó de nuevo y sacó el casete, tenía que enterarse de lo que había sucedido durante el lapso que había estado ausente. Tosió con fuerza en un intento de despejar su pecho anegado por el tabaco y se dirigió al agente. Le explicó que no podía perder detalle, que cualquier conversación resultaría susceptible de relevancia y que no podía dejar la silla por nada del mundo. Después, como si tal cosa, señaló una botella de líquido amarillento que había bajo la mesa dando a entender que era lo que tenía que usar si tenía alguna necesidad imperiosa. Por último, con un tono entrecortado, insistió en el requisito de marcar las cintas con la fecha, hora y demás datos para después hacer una escucha cronológica. Le explicó que pasaría por su casa para asearse y que después iría a comisaria, ahí se encargaría de disculparle para que pudiese dedicar el día a su misión.
Vázquez bajó las escaleras con precaución pero decidido a darse una ducha lo antes posible, se sentía incómodo y le dolía todo el cuerpo. Parecía estar cayendo enfermo o, al menos, sentirse debilitado por la noche prácticamente en vela que había pasado. Cuando llegó a su casa no había nadie, ya eran más de las diez de la mañana y parecía que Eva había salido con Marcos a dar una vuelta. Se alegró de no verse obligado a dar explicaciones, mejor dejar la discusión para un momento en el que se encontrase un poco mejor. Entró en el baño deshaciéndose de la ropa a su paso y, después de ducharse y afeitarse, se dirigió al cuarto para cambiarse y salir para la comisaria inmediatamente. Se sentó en la cama un instante para calzarse y el colchón ejerció su irresistible magnetismo que le obligó a recostarse, se dijo a sí mismo que no serían más de diez minutos pero en cuanto cerró los ojos se perdió en una bruma oscura y densa.

Nacho Valdés

1 comentario:

raposu dijo...

Lo curioso es que toda esta sordidez me suena a que debe ser más real que el glamour de las películas...