lunes, mayo 03, 2010

En el ángulo muerto Vol. 57


Recuerdos de un viaje

- ¿De dónde viene?
- El vuelo salió de Medellín.
- ¿Algo que declarar?
- Nada.
Roberto atravesó el detector del aeropuerto, a paso decidido se dirigió hacia la salida libre. Le cerró el camino un tipo vestido con unos vaqueros y una camiseta, un cualquiera en el que no había reparado. De forma discreta, después de sacarla del bolsillo trasero, le mostró una placa de policía. – Sígame – dijo amablemente.
Le llevó a una sala adyacente al exterior, las paredes de material prefabricado dejaban pasar el griterío de emoción de los familiares que recibían a sus conocidos. A él le sentaron en uno de los asientos, similar a los muchos que había por la terminal, y le hicieron esperar unos minutos interminables mientras comprobaban una y otra vez su pasaporte. El tipo que le había llevado a la comisaría le hizo una indicación para que se acercase al mostrador, colocó encima su maleta y comenzó el registro.
Todo parecía estar en orden, la ropa interior, unas zapatillas cómodas, unas camisas, el neceser… - ¿qué hacía por Colombia? – preguntó el agente.
- Estaba visitando a un amigo.
- He visto que únicamente se ha pasado tres días en el país, una visita rápida. ¿No?
- Nos habíamos visto hacía poco.
- Entiendo.
Con gran habilidad el policía comenzó a palpar los forros del equipaje, su cara mostraba expresión distraída, como si estuviese pensando en otra cosa mientras miraba hacia el techo. Una y otra vez pasaba sus manos expertas por el interior, se detenía unos instantes imperceptibles y continuaba como canturreando una canción. Marcó con un rotulador una de las zonas y dejó a Roberto unos segundos, un momento en el que miró con ansiedad la salida, la puerta que le permitiría entrar en el país. El tipo regresó con aspecto sonriente con una pequeña navaja en la mano, rajó la tela que cubría el interior y la sacó impregnada en algo pringoso.
- Ahora vamos a hacer el narcotest, es algo muy sencillo. – Dijo hablando solo.
- De acuerdo – contestó Roberto con un hilo de voz.
Agitó un spray y lo pulverizó sobre una tarjeta de plástico blanco, pasó a continuación el filo de la navaja e inmediatamente comenzaron a extenderse rastros azulados. – Esto contiene cocaína, ¿lo sabía usted?
- Pues no tenía ni idea – contestó con seguridad.
- Pues tendré que detenerle hasta que se solucione este asunto. ¿Recuerda usted que manipulasen su equipaje?
- No tengo constancia, aunque recuerdo que la noche anterior a mi salida estuvimos tomando unas cervezas y copas.
- ¿Y qué tiene que ver con lo que le he preguntado?
- Quizás esa noche, en mi ausencia, alguien manipuló mis cosas y metió esto en el forro – señaló con el dedo la maleta-.
- En fin, lo que vamos a hacer es hablar con mi superior. Si no le importa, por seguridad, debo esposarle.
- Lo entiendo.
Con gran amabilidad el agente le indicó que se volviese a sentar, le pidió que extendiese la muñeca y cerró las esposas en torno a su muñeca y al apoyabrazos metálico. – Será sólo un instante, ahora mismo vuelvo – dijo el policía mientras desaparecía por una de las puertas interiores. Roberto asintió tranquilamente y se recostó.
En cuanto se quedó solo comenzó a mover la mano frenéticamente, de un lado a otro aunque sin ninguna esperanza de liberarse. Sorprendentemente el armazón metálico de los asientos cedió, la barra de acero lateral se rompió por la zona de la soldadura. Roberto sacó las esposas, metió su mano en el bolsillo de la cazadora para disimular la arandela metálica de su muñeca y salió por la puerta que le devolvía la libertad. Como si no fuese con él caminó tranquilamente y levantó la mano para pedir un taxi, dio una dirección y se alejó rápidamente, ya habría tiempo de preocuparse por el pasaporte falso que había entregado.

Nacho Valdés

5 comentarios:

laura dijo...

Qué suerte ha tenido! Me ha gustado mucho esta historia porque a pesar de ser sencilla tenía un sorprendente final. Muchas gracias por seguir alegrando mis lunes.
Un beso, cariño.
Laura.

raposu dijo...

Pues a mí me parece de ésas que igual tiene continuación...o igual no.

Me ha gustado.

Sergio dijo...

Yo estoy por más por dejarlo así y que cada uno, buenamente llegue a su conclusión.
Me ha sorprendido y gustado a partes iguales.

Enhorabuena

paco albert dijo...

Así escribía Montalbán, sin concesiones. Como un tiro, no tengo tiempo para tonterías. Me gusta

FERNANDO dijo...

vaya vaya con el pajaro ojala tuvieran esa suerte mas gente que viaje........