lunes, septiembre 28, 2009

En el ángulo muerto Vol. 29


Retorno

Ana marcaba el ritmo mientras Raúl intentaba seguirla, en la caída se había golpeado y sentía un profundo dolor en una de sus rodillas. Hicieron una pausa para retomar el camino, parecía perdida en la confusión de la huída. Frenaron junto a un callejón, esa zona de la ciudad estaba más tranquila, no se oían enfrentamientos. Raúl se tocaba la pierna, levantó el pantalón y comprobó que tenía una herida que sangraba abundantemente.
- Debo haberme dado con algo al caer. – Dijo Raúl.
- Tápate con algo de tela y sigamos, no podemos perder tiempo. - Se le notaba nerviosa, mirando en todas direcciones concentrada en buscar soluciones.

La noche daba la impresión de haber terminado con las hostilidades, sólo se oía algún disparo aislado rompiendo la aparente paz. Raúl se vendó la pierna, pensó en como habían cambiado las cosas en los últimos días, como su vida había dado un vuelco que no hubiese sido capaz de imaginar. Casi sintió nostalgia del tiempo en el que el toque de queda, la acción policial y la represión eran la norma. Llegó a la conclusión de que era mejor cierto orden, algo a lo que aferrarse para levantarse cada día, una dinámica que diese una norma a seguir. Se consideraba gregario, no le gustaba sobresalir y no creía que fuese justo en lo que se había visto mezclado. Se preguntaba por su mala suerte, por qué había tenido que coger el teléfono, cuál era el motivo por el que se había visto mezclado con el grupo que estaba destrozando la organización establecida.
- No me parece justo.
- ¿Cómo dices? – Respondió Ana.
- Que no me parece justo lo que está sucediendo, la gente que está muriendo por lo que vosotros consideráis vuestra causa.
- Lo que tú opines sobre la justicia no me importa. Siempre has sido un privilegiado y no tienes motivos para quejarte.
- No sé si sabes que yo he vivido este régimen como todos los demás ciudadanos, pero creo que el verme mezclado con todo este asunto es totalmente injusto.
- Cállate de una vez y deja de quejarte.
- ¡Cómo que me calle! – Raúl levantó la voz.
- Silencio. ¿Quieres que nos descubran?
- No sé como puedes decirme que me calle. Me has metido en un lío que quizás me cueste la vida.
- Piensa que se están produciendo cambios y puede que estés en el bando adecuado. ¿Qué pasará cuando derroquemos a los líderes y estés con nosotros? Podrás trabajar para la construcción de un gobierno mejor, donde no existan restricciones para la libertad.
- Creo que te han lavado el cerebro. Todo lo que dices es imposible, nunca existirá algo como lo que cuentas. Es necesario un control sobre la población, una organización, algo que nos marque el camino.
- Siempre serás un pesimista. Vámonos.

Ana se levantó impetuosa haciendo un gesto para que Raúl siguiese sus pasos. – Ya sé donde estamos. – Dijo.
Levantó una tapa del alcantarillado y, después de alumbrar con la linterna, bajó la escalinata. Raúl se metió después de ella, el túnel era un agujero húmedo y oscuro en el que se sumergió sin pensárselo.

Nacho Valdés

3 comentarios:

raposu dijo...

"Como decíamos ayer...", comenzó Fray Luis de León su clase en Salamanca después de unos años en la cárcel de la Inquisición.

No eres Fray, tampoco de León y, por supuesto, no te ha tenido cautivo la Inquisición, pero te hemos echado de menos.

Bienvenido, profesor.

laura dijo...

Hola mi recién estrenado marido, después de la vorágine de estos días volvemos a la rutina diaria y aunque me lo he pasado super bien para mi es un placer mi reencuentro con tu sección.Un besazo.
Laura.

laura dijo...

Hola mi recién estrenado marido, después de la vorágine de estos días volvemos a la rutina diaria y aunque me lo he pasado super bien para mi es un placer mi reencuentro con tu sección.Un besazo.
Laura.