lunes, mayo 07, 2012

En el ángulo muerto Vol. 145



Responsabilidades regias

El pueblo español, de natural ingrato, vuelve a dar muestras de su falta de tolerancia ante lo que es un ejemplo más de dirección regia en una nación que, en caso de no existir nuestra afamada monarquía, se iría a pique. Es bien sabido por todos que don Juan Carlos, monarca cercano además de gran gestor, realiza una función primordial en la gestión de nuestro país que por ejemplo nos salvó en el año ochenta y uno de una nueva dictadura. Pero, por encima de este dato, tenemos otros valores vinculados a la corona que la hacen ser una de las instituciones más reputadas y de más solera de nuestra tierra.
Si comparamos nuestra Casa Real con la del resto de monarquías europeas queda patente, sin necesidad de profundizar demasiado, que estamos ante una realidad que apuntala y da seguridad a nuestra gran Nación. Lejos de los escándalos, fiestas y demás contingencias que se suceden en Inglaterra, Holanda o Mónaco aquí estamos sólidamente orientados por nuestros líderes de sangre azul. Qué significa un pequeño desliz marital que acabó en divorcio o un leve desfalco protagonizado por el malvado Urdangarín; con todo lo que nos ha dado nuestro querido Don Juan Carlos. ¿No merece un poco de paciencia y comprensión? Pero, tal y como se acostumbra en este país, se le ha pagado con ingratitud e incomprensión pues no se le ha dado a nuestra familia regia un voto de confianza ante los supuestos problemas que se han venido produciendo en los últimos tiempos. Así que, en lugar de valorar los sacrificios que se realizan desde Zarzuela, el republicanismo infecto que inunda los medios de comunicación y la opinión pública se dedica a atacar de manera sistemática a nuestra real institución que hace las veces de sostén de nuestra gloriosa Nación.
Por ejemplo, sin ir más lejos, los presupuestos de la Casa Real se han reducido, agárrense amigos, nada más y nada menos que un dos por ciento. ¿Saben ustedes lo que eso significa? ¿Se imaginan ustedes en qué situación va a quedar la representación estatal ante tamaños recortes? ¿Qué pensarán los líderes cuando sean recibidos entre la miseria que acompaña a estas limitaciones económicas? En fin, no sé cómo hará don Juan Carlos para solucionar esta problemática pero tengo la certeza de que con su innata capacidad para la improvisación y su agudo ingenio logrará remontar lo que puede ocasionar más de un problema diplomático. Quizás tenga que cambiar las huevas de esturión por las de lumpo o reducir el número de lacayos necesarios para los actos protocolarios, quién sabe hasta dónde tendremos que llegar por esta maldita situación que también arrastra a nuestros amados dirigentes.
Otra situación que ejemplifica perfectamente cómo nuestro rey se sacrifica es la que se ha dado en los últimos tiempos. Aprovechando su convalecencia los enemigos de la monarquía han saltado a la palestra para atacar de forma desmedida a nuestro representante que, postrado en su cama, es incapaz de defenderse. Qué se pongan a temblar pues volverá con ánimos renovados y, no les quepa la menor duda, pondrá a cada uno en su lugar. Ahora resulta que ir a África invitado por un príncipe saudí a matar elefantes desbocados y peligrosos es motivo de crítica; ¿en qué país estamos? ¿No nos damos cuenta del sacrifico que supone tamaña hazaña? En lugar de dejar a los pobres africanos a merced de los infames paquidermos que campan a sus anchas por esos territorios, nuestro rey decidió realizar un acto de heroísmo sin parangón y jugarse el tipo para acabar con esa terrible lacra que azota al continente negro. ¿Es esto denunciable? Yo creo más bien que se trata de un motivo para ensalzar a nuestro querido monarca y, por supuesto, no debemos olvidar que ya había acabado con una banda de osos pardos borrachos en Rumanía, con unos búfalos agresivos e insociales e incluso con varios leopardos antropófagos. En definitiva, debemos reconocer el mérito que realiza nuestro líder en virtud de las actividades cinegéticas que desempeña de forma altruista.
Por otro lado, me quedo tranquilo al comprobar que la dinastía borbónica está bien cubierta pues hay que reconocer que, independientemente de su increíble físico, don Juan Carlos va cumpliendo años. Sin embargo, constato con orgullo como Felipe Juan Froilán sigue los pasos de su abuelo y ya está pegando tiros para seguir con esta impagable función de selección eugenésica. Por el momento se ha volado un pie pero, suponiendo que siga el camino marcado por su antecedente, acabará pegándole un tiro a su hermana. Tiempo al tiempo.

Nacho Valdés

viernes, mayo 04, 2012

La Disquería Eléctrica (Special edition)

Dedicada al pequeño Marc. Feliz cumple.... Aunque tratándose del artista favorito de Nacho, seguro que siente algo de envidia. Tambien van por ti, tontorrón.

Out the air

Marc cumple este domingo dos años de intensa vida. Al igual que pasa en esta canción, yo he aprendido a ver en la oscuridad desde que está conmigo.
La próxima secuencia es ya nuestra. Te quiero.
Feliz Cumple...



jueves, mayo 03, 2012

Vida de Suso (Vol. 4) Aviones

Hoy cumplí 30 años. Ocurrió a las 3:38 de la madrugada en el mismo instante en que un avión se precipitaba sobre el océano Atlántico camino de Buenos Aires. Lo ví por televisión; el presentador abrió su asexuada y genérica boca y con su estúpida voz de autómata dejó escapar esas palabras: “Un avión se ha estrellado en el océano Atlántico a las 3:38 de la madrugada . No hay supervivientes”. En un primer momento la noticia no me emocionó pero luego, poco a poco, me fue invadiendo la idea de que entre ese fatal accidente ocurrido y mi cumpleaños existiese alguna conexión que en ese momento me resulta invisible. Apago la televisión con la mente confusa y la cabeza algo aturdida. Me acerco hasta a cocina y preparo un ruso blanco que ayude a distraerme un poco y conseguir que la imagen de un avión estrellándose sobre mi tejado desaparezca de mi cabeza. Me abandono en el sofá del salón que me engulle como un gran oso apresando su alimento y dejo que el tiempo se pierda entre mis dedos. Las horas pasan; el sol va ganando terreno de forma precipitada a las sombras que habitan el salón y por instantes, las motas de polvo brillan con intensidad divina de estrellas blancas y me transportan a otro tiempo y otro lugar. Suena el teléfono y me devuelve a la tierra. Es mamá. Llama para felicitarme como cada año desde que no estoy en casa. Me pide que vaya a verla y cenemos juntos. Acepto sin ni siquiera planteármelo. Decido fumar en el balcón antes de empezar a moverme. La noche ha desaparecido por completo. Las calles se llenan de pasos, faldas y escotes. Estando en la ducha enciendo la radio y las noticias sobre el accidente se multiplican. Cambio de emisora y sintonizo algo de música aunque la imagen del avión vuelve a estar en mi pensamiento. Imagino que estoy dentro del aeroplano y que voy cayendo al vacío. El miedo me invade y una extraña sensación de ausencia de gravedad atenaza mis manos. Miro a los lados, lña gente grita histérica, una madre abraza a su hija y reza, las azafatas lloran. Todo el mundo se precipita de forma irremediable hacia la locura. Intento pensar en la gente que quiero y que no veré más. Es entonces cuando me doy cuenta de que en estos 30 años no ha habido nada lo suficientemente intenso en mi vida como para tenerle aprecio. Chequeo mi cabeza intentando encontrar alguna persona, pasaje, encuentro o motivo que me haga echar de menos pero todo está vacío. Mi mente es irremediablemente práctica. Todos los que han pasado por mi vida se han convertido en figurantes o personajes limitados a papeles secundarios. No encuentro nada a lo que agarrarme, voy a morir solo. De pronto, notó un fuerte golpe en la cabeza y me despierto en el suelo del baño rodeado de sangre. Tras un instante eterno comprendo que me he resbalado y golpeado la cabeza con el suelo. Miró hacia arriba y la radio sigue encendida. No hay música solo una voz que anuncia: “Se ha encontrado un superviviente, Se ha encontrado un superviviente”. Respiro. Hoy he cumplido 30 años y alguien ha sobrevivido a un accidente mortal de avión en el Atlántico.

miércoles, mayo 02, 2012

Entrevistas Eléctricas (IV)

La vida se entrelaza con la muerte, y es así como Amador llega a su fin para Adanowsky. Panamérika muestra el origen de esta colaboración dramática y las enseñanzas de un padre amoroso a su hijo.

Delaletra




La bestia

El rencoroso y peligroso Dios del Antiguo Testamento, tan dado a los castigos y venganzas, creó para regocijo de los hombres una bestia asociada a Satanás que recibió el nombre de Leviatán. Parece ser que en el Armagedón esta criatura tendría su utilidad y serviría para los extraños propósitos de la divinidad.
Tan sugerente monstruo es el que sirve de título a la novela de uno de los escritores americanos más influyentes de las dos últimas décadas; Paul Auster. Este autor entrelaza la vida de dos escritores amigos, uno de ellos desaparecido en el culmen de su carrera, mediante casualidades, recuerdos y demás recursos propios de este particular literato. La historia que se narra, perfectamente construida y armonizada mediante una prosa ágil y directa, sirve para realizar una radiografía de la sociedad americana actual desprovista de valores y vacía de contenido. El país de las libertades y la democracia se retrata de manera pesimista y descarnada para ofrecernos una visión diferente a la que estamos acostumbrados. De esta forma, esta enorme nación nos revela mediante este escrito sus fisuras y disidencias internas que dan a entender que no todo es tal como indica la superficie de lo observado.
Este libro, que llega a cualquier público por la habilidad de Auster para entretejer enrevesadas historias sumamente atractivas, contiene un guiño especial para todos aquellos que disfruten con la escritura pues muchas de las emociones que el americano vierte en su obra son comunes a cualquiera que tenga inquietudes literarias. En definitiva, una obra imprescindible tanto para iniciados como para profanos en la producción de Paul Auster.

Nacho Valdés

lunes, abril 30, 2012

En el ángulo muerto Vol. 144




Confusión

Estaba tan aturdido que, en lugar de largarme a casa, decidí hacer una pausa para relajarme con un cigarro. Como no dejaban fumar en la oficina hice lo que hacían los que fumaban habitualmente, subí a la azotea y me asomé al borde mientras encendía el mechero. Como había vuelto al vicio recientemente di una bocanada y comencé a toser estrepitosamente, el humo se escapó hacia el cielo y en ese instante escuché como se abría la puerta que daba a las escaleras. Tuve el tiempo justo para tirar el pitillo y acurrucarme tras un aparato de ventilación que hacía un ruido descomunal, oí el canturreo de alguien que balbuceaba algo ininteligible. Me levanté temeroso y sigiloso y comprobé como el obeso de mi jefe estaba apurando el final de una botella de JB, el tío tragaba con fruición y el líquido se desparramaba por su papada oscilante y su camisa entreabierta. Iba con su gorro de Papá Noel y miraba al cielo sin soportar su peso sobre sus piernas pues bailaba adelante y atrás preso de la enorme ingesta de alcohol que había realizado. Me escondí, no quería que me viese ahí solo. Justo en ese instante tiró contra el suelo la botella, silbó entre el fragor de cristales rotos y se escuchó el ruido de cascos y cencerros a pocos pasos de donde yo estaba. Distinguí con nitidez el sonido de animales y deslizar de un objeto gigantesco, después me di cuenta de que se alejaba con rapidez. Cuando me levanté algo brillante, que bien podría ser un trineo se alejaba hacia el cielo. Acababa de descubrir que mi jefe era Papá Noel.
No había ninguna duda, con una sonrisa entre los labios recogí mis cosas y me fui a casa feliz por primera vez en muchísimo tiempo. No sabría determinar el motivo pues el tío seguía siendo igual de hijo de puta pero, de alguna manera, los recuerdos infantiles de la navidad parecían inundarme y ofrecer una salida positiva. Quizás hubiese sido expulsado de su cabaña donde construye los regalos por una revuelta de los elfos o puede que su pareja se hubiese hartado de sus devaneos con alguna de las empleadas. Daba igual, estaba claro que la figura de Papá Noel estaba por encima de cualquier consideración y si los cabrones de los elfos o gnomos o lo que fuesen habían orquestando un plan para deshacerse de él yo estaba dispuesto a devolverles a la bola de grasa que me hacía la vida imposible y había llevado la decadencia a mi lugar de trabajo. Tenía claro que si unos seres que no pasaban del metro treinta habían sido capaces de quitarse de encima a semejante sátrapa yo podría hacer lo mismo. El problema era que se trataba de mi jefe y, por lo que a mí respecta, estaba ahogado por el organigrama que no me permitía hacer nada. De todas formas, el tipo tenía un billete para volver a Laponia o dónde viviese y lo más seguro es que se tratase de una cuestión de tiempo. Ahora bien, si yo podía hacer algo por acelerar el proceso estaba más que dispuesto.
Esa noche soñé que caía una gran nevada, supongo que la sugestión navideña había hecho efecto y me levanté con la ilusión de quién corre hacia el árbol adornado por lucecitas brillantes a recoger sus regalos. De hecho, pensé en la posibilidad de recibir un presente del cabrón de mi superior, estaba claro que solo tenía que poner un calcetín en el lugar adecuado y su naturaleza navideña haría el resto. Después de desayunar me arreglé a toda velocidad y llegué de los primeros y, sin que nadie se diese cuenta, colgué cerca de la fotocopiadora una media de lana que había utilizado algún día que había subido a la montaña. Cuando llegó oliendo a alcohol se detuvo frente a la máquina y observó con detenimiento la media que colgaba a su lado, en su boca se dibujó una sonrisa y sacó de su americana un pequeño objeto que depositó con cuidado en el interior. Estaba claro, ese mamonazo era el puto Papá Noel y yo trabajaba para él.
Sin embargo, no me dio tiempo para alegrarme, justo en ese instante entró un tipo joven en la oficina y se dirigió a mi superior por su nombre. Cuando éste contestó, sin mediar palabra, le destrozó la cara de un puñetazo. Como era un tipo enorme no cayó del primer golpe y el joven, que se ve que de lo de dar hostias sabía un rato, comenzó a golpearle con manos y pies por todas partes. Mi jefe, que probablemente iba borracho, cayó al suelo y una vez desfallecido el otro le sacudió con saña con una papelera metálica que había cerca. Cuando terminó, después de lo que pareció una eternidad, ni siquiera se escuchaban los quejidos del cerdo que yacía en el suelo. Ninguno de los empleados que estábamos en ese momento allí hicimos nada para impedirlo, nos parecía demasiado peligroso.
De mi superior no volvimos a saber nada, únicamente que sobrevivió a la paliza y que se le perdió el rastro. El hombre que casi lo mata parece ser que era novio o amigo de una de las becarias a las que había destrozado el recto; a veces es verdad eso de que donde las dan las toman. El regalo que me dejó era una pequeña bola de cristal como la que había visto en su despacho, supongo que volvería a Laponia y recuperaría el poder frente a esos malditos elfos. No lo sé, el caso es que la vida en el trabajo volvió a su aburrida rutina.

Nacho Valdés

miércoles, abril 25, 2012

Entrevistas Eléctricas (III)

Seguimos con las entrevistas y con los argentinos. Esta vez es Andy Chango que, en su colaboración con el programa El Intermedio, entrevista bajo los influjos de varias copas de Rioja a Carmen Bazán (ex-mujer del gran Humberto Janeiro y madre de Jesulín de Ubrique) No tiene desperdicio.

martes, abril 24, 2012

Palabras Usadas

En el año 1996 los vascos Soziedad Alcoholika sacaban el disco Diversiones?, un trabajo de transición que les llevaría a cotas metaleras que debo reconocer que hoy por hoy me aburren un poco. De todas formas, este disco incomprendido, que a mí me gustó mucho, dejó un par de regalos como éste que presento.Espero comentarios.

lunes, abril 23, 2012

En el ángulo muerto Vol. 143

Conexión lapona Así que al tipo le gustaba hacer regalos, qué cosa más curiosa. Después de destrozar el recto de esas putillas, como para compensar, les regalaría una pequeña fruslería que probablemente sería insuficiente para resarcir su honor y, muchísimo menos, su físico. La verdad es que debía reconocer que nunca había sido testigo de algo tan monstruoso, más que una polla parecía una anaconda y supongo que las pobres muchachas no esperaban nada por el estilo cuando quedaron con el puto viejo verde que derribó sus puertas traseras. De todas formas, lo que me había llamado más la atención fue el hecho de que este tío casposo guardase un gorro navideño para follar y después se tomase la molestia de buscar un presente para las becarias. No tenía ni idea de que podía significar todo ese asunto pero, sin lugar a dudas, resultaba realmente llamativo. Además, se me había quedado clavada la imagen de ese gordo arremetiendo desde atrás y, con el gorrito puesto y la barba blanca, había que reconocer que tenía un parecido innegable con una típica imagen navideña. Por otro lado, a qué venían esos regalos entregados en público. Me parecía una desfachatez, una locura todo lo que estaba desencadenándose a mi alrededor. Yo, que hasta su llegada, era un trabajador respetable y considerado por mis superiores, estaba cayendo en el descrédito más absoluto y comenzando un proceso amargo que no sabía hasta dónde podía llevarme. Además, en los últimos tiempos se me encomendaban las tareas más injustas y desagradecidas que provocaban que el día a día se convirtiese en una eterna batalla por alcanzar la hora de salida y largarme de la oficina. Menuda mierda. Como no podía ser de otra manera el obeso borracho de mi jefe pasó por mi escritorio y me dejó sobre la mesa una cantidad ingente de informes atrasados, me encargó un trabajo de catalogación y resumen para el día siguiente. Lo hacía a propósito, no cabía otra explicación pues a quién se le podía ocurrir que a lo largo de la jornada podría dar abasto con tan ingente tarea. Me dejó el legajo de papeles sobre la mesa y se fue a la zona de las becarias, seguro que estaba a la búsqueda de alguna víctima propicia para esa semana. Maldito hijo de puta, pavoneándose por ahí mientras bebía sin parar y se paseaba por la oficina con su pestilencia alcohólica. Me puse a la tarea, no quería quedarme demasiado tiempo esa tarde pues ya tenía que recuperar el retraso de la borrachera que me había pillado la noche anterior. Leí, resumí y cotejé datos sin descanso para después elaborar un informe que me ocupó varios folios. Cuando mis compañeros salían por la puerta despidiéndose de mí con una sonrisa socarrona yo había terminado el encargo, únicamente me quedaba por rematar mis tareas habituales para las que solía emplear toda la jornada laboral. Como siempre, se fueron apagando las luces y me quedé solo en mi puesto. Hice las cosas chapuceramente pero, más o menos dos horas después del momento de la salida, había conseguido apañar la situación para irme a mi casa. Estaba agotado, derrotado y mi cabeza estaba inundada por el sonido de electricidad estática que llegaba incesante de los fluorescentes. Tenía ganas de vomitar, de echarle la papa al tío sobre su despacho pero en lugar de eso, me acerqué hasta su puerta que estaba entreabierta y pasé después de llamar. Quería entregarle su puto informe a ver si así dejaba de agobiarme. No estaba el cabrón, seguro que andaba haciéndose una paja en el cuarto de baño o, quién sabe, algo peor. La cuestión es que entré en el despacho, con intención de dejar el informe sobre su mesa cuando uno de los objetos decorativos que tenía en un estante llamó poderosamente mi atención. Se trataba de una pequeña esfera de cristal rellena de un líquido en el que flotaban unas motas blancas que simulaban ser nieve, en el centro de la escena había una cabaña hecha de madera con un cartel en la puerta en el que se podía leer Papá Noel. La casita estaba realizada de forma primorosa y prácticamente parecía real, era increíble y me tuvo obnubilado durante un buen rato. Cuando fui a dejarla en su sitio comprobé que estaba situada sobre una carpeta de cartón, no pude resistirme y la abrí para comprobar su contenido. En el interior había unos billetes de avión de una compañía desconocida y que tenían por destino el norte de Finlandia, me quedé desconcertado. También encontré una foto en la que mi jefe, totalmente vestido de Papá Noel estaba en un trineo sobre la nieve rodeado de unos extraños hombrecillos de pequeño tamaño. No sabía qué pensar pero decidí dejarlo todo como lo había encontrado y salir de la habitación, podría volver en cualquier momento. Nacho Valdés

viernes, abril 20, 2012

Out the air

Para este viernes dejamos un temazo que Dylan toca junto a The Band en la despedida de este supergrupo allá por el lejano año 1976. Todo quedó recogido en The Last Waltz, documental dirigido por Scorsese y que muestra toda la fuerza que estos músicos transmitían.
El objetivo con esta canción es múltiple. El más evidente terminar la semana con buena música; el segundo despedirnos de Levon Helm, baterista de The Band que nos dejó ayer y, por último, levantar el ánimo de mi buen amigo Sergio con uno de sus artistas fetiche.
Espero haber logrado mis objetivos.
Disfruten de la música y pasen un buen fin de semana.

miércoles, abril 18, 2012

Delaletra


 William Butler Yeats: Místico, esotérico, druida, mago, sobrenatural, Irlandés de ley, premio Nobel 1939, Levantamiento del Domingo de Pascua, Maud Gonne, popular, cotidiano, independiente, lírico, simbólico, Isabella Augusta Gregory, Teatro Nacional Irlandés, YEATS YEATS simplemente el gran poeta YEATS.
Toda su poesía en esta cuidada compilación. Mi vida está hoy en sus páginas.

A day in the life

Este próximo viernes 20 de abril tendremos chica guapa en la ciudad.
Christina Rosenvinge en el Teatre La Rambleta

martes, abril 17, 2012

Entrevistas Eléctricas II

Continuamos con la sección inagurada hace unos dias para encontrarnos con otro argentino. Esta vez es Ariel Rot quien nos visita para dejarnos la entrevista que le hicieron en el desaparecido programa "No disparen al Pianista".

A day in the life

Este impresionante y sobrecogedor instante es el Premio Pulitzer de fotogragía 2012. Su autor Massoud Hossaini, fotógrafo de la agencia France Presse captó a Tarana Akbari tras un atentado de Kabul en diciembre de 2011.
El Pulitzer de literatuta quedó desierto por primera vez en 35 años. Foster Wallace fue considerado no apto para recibir tan celebrado premio.

lunes, abril 16, 2012

En el ángulo muerto Vol. 142



Resaca

Abandoné la oficina sin hacer ruido aunque, de todas maneras, podría haber reventado los cristales y mi jefe y las chicas no se hubiesen enterado de nada pues el sonido salvaje que salía del despacho era ensordecedor. Por un lado estaba mi superior riéndose como el maldito Papá Noel y, por el otro, los gritos de la muchacha se habían convertido en una verdadera explosión de dolor que superaba en volumen a cualquier persona que hubiese escuchado antes quejarse. Que hijo de puta estaba hecho el tipo, cómo era posible que se estuviese beneficiando a ambas pibas a la vez. No me cabía en la cabeza. Súbitamente, cesaron los berridos para volver a reanudarse inmediatamente aunque, en esa ocasión, debía tratarse de la morena pues era otra voz la que emitió un grito terrible.
Yo, por mi parte, me encontraba depresivo y sentía que mi ánimo bajaba más bajo de lo que lo hacía el ascensor que me llevaba desde la vigésimo tercera planta hasta la calle. La noche había caído hacía horas y el frío cortaba la respiración, me abrigué con el cuello de mi chaquetón y comencé a andar entre el viento que soplaba. No quería irme a casa, no me esperaba nadie y estaba tan hundido que no me apetecía hacerme la cena ni nada por el estilo. No entendía como alguien tan despreciable como mi superior podía disfrutar de bellas mujeres, una posición privilegiada y el estatus que había alcanzado. Estaba claro que el mundo era injusto, yo tirado por las calles y esforzándome sin recibir recompensa y esa especie de animal en la cresta de la ola. Me lo imaginé estallando en su interior, poniéndose morado y asfixiándose sobre alguna de las zorras que se estaba trajinado. Cómo disfrutaría, me hubiese encantado llegar al trabajo al día siguiente y encontrarme con la policía acordonando la entrada y con las putas becarias llorando sin consuelo por el descrédito alcanzado. En fin, dejé de lado mis ensoñaciones y continué vagando sin rumbo determinado.
Al rato estaba harto del frío y mis pensamientos así que recordé una cervecería alemana donde ir a cenar y tomarme algo de beber, no estaba demasiado lejos así que me desvié hacia el nuevo destino. Me acomodé en la barra, el bareto estaba abarrotado de parejas felices y tipos viendo el fútbol. Como disfrutaban los cabrones, unos compartiendo confidencias y los otros de la amistad sincera fundamentada en el alcohol mientras yo estaba amargado pensando en qué hacer con mi puesto en la empresa. Pedí una hamburguesa, quería algo grasiento que me hiciese olvidar lo que había visto esa tarde. El entorno era bullicioso y prácticamente no me dejaba disfrutar de mi amargura así que comencé a beber cervezas alemanas para intentar evadirme de toda la felicidad que me rodeaba. A la tercera ya estaba lleno, decidí pasar a los whiskies solos pues la enorme cantidad de líquido que tenía en mi interior no auguraba nada bueno. Poco a poco la actividad decreció y salí a la calle, hacía tiempo que no fumaba pero me compré una cajetilla y di unas caladas entre toses.
Comencé a caminar hacia mi casa pero de camino me encontré entrando en un bar de copas cercano. Lo conocía de hacía tiempo, recuerdo que había entrado una vez y que había salido espantado ante el ambiente de desguace que se respiraba. Tías maduras intentando llevarse un bocado sexual a sus fauces malolientes, era justo lo que necesitaba en ese momento; un poco de decadencia. Me pedí otra copa más y me acodé en la barra, todo comenzó a dar vueltas pero no me dejé vencer por el mareo y me mantuve firme en mi posición. Después, no sé si me dieron garrafón o qué, todo se desencadenó de forma confusa y rápida. Recuerdo que se me acercó una tía que, al menos en la oscuridad del garito, me pareció joven y follable. El caso es que hice unos cuantos alardes de galán alcohólico y pareció caer en mis garras, me ayudó a llegar a casa y nos acostamos juntos. No recuerdo si hice algo o no, pero cuando me desperté al día siguiente la muy puta me había desvalijado y se había llevado todos los objetos de valor que había a la vista. Puesto que estaba herido en mi orgullo y no podría reconocerla aunque pasase a mi lado por la calle, decidí que no denunciaría pues resultaría demasiado lamentable.
Me afeité y duché a enorme velocidad, llegaba tarde al trabajo y no quería darle motivos al bastardo de mi jefe para hundirme más la moral. Cuando llegué, más de media hora tarde, me estaba esperando en mi puesto. El cabrón estaba como una rosa y me observaba con desdén. Después de amenazar mi puesto con una sonrisa socarrona me indicó que debería recuperar el tiempo perdido por la tarde, asentí y me puse a hacer que trabajaba. Un poco después, cuando estaba luchando contra mi terrible dolor de cabeza, llegó la becaria rubia. Andaba con dificultad y tenía mala cara, no pude evitar alegrarme y farfullar algo ininteligible. La tía se sentó en su asiento con expresión dolorosa e inmediatamente llegó mi jefe con una sonrisa en la boca, sacó del bolsillo de su americana un pequeño paquete envuelto en papel de regalo y se lo entregó. La chica se quedó confundida y lo guardó turbada en su bolso, yo también me quedé un tanto desorientado.

Nacho Valdés

miércoles, abril 04, 2012

A day in the life

Llegan las fiestas y cerramos la persiana por unos días. Los componentes del blog necesitan sol, transfusiones, prados verdes y reflexivos, manos expertas y un tiempo alejados de nosostros mismos.
Volveremos pronto; hermosos, malditos e inmaculados.

Disfrutad las fiestas..


Entrevistas Eléctricas

Para la primera entrega de esta sección y rebuscando por esa fuente inagotable de videos que es el youtube he seleccionado una entrevista de la TV argentina al único e irrepetible Andrés Calamaro.
Por los temas tratados, la grabación de la entrevista debe ser anterior a la publicación de la obra maestra de Andrés "Honestidad Brutal" ya que la rubia oxigenada de la presentadora ataca al cantante en su primera pregunta tratando el tema de su particular bajada a los infiernos.
Momentos a destacar:
1) la aparición de Andrés cuando lo presentan
2) la contestación a la pregunta sobre su estado anímico.

martes, abril 03, 2012

Palabras Usadas


Always on my mind es una de esas canciones denominadas como “intocables” a pesar de haber sido interpretada en multitud de ocasiones por artistas tan dispares como Pet Shop Boys, Willy Nelson o Piqué…digo Shakira.
En esta ocasión, sumo dos gargantas más a la de Elvis(que es garganta universal por si sola) para completar así un tridente de lujo formado por Andrés Calamaro, Ryan Adams y el propio rey del rock.


lunes, abril 02, 2012

En el ángulo muerto Vol. 141



Sorpresas

Esperé unos segundos y me acerqué hasta la puerta de su despacho, había quedado entreabierta pues seguramente consideraba que ya se encontraba solo y podía campar a sus anchas por lo que consideraba su feudo. Por suerte, había logrado pasar desapercibido y no habían reparado en mi presencia. En caso contrario no sé cómo hubiesen reaccionado. Quién sabe, quizás me hubiesen invitado a unirme a su fiesta o quizás el mandamás se hubiese puesto digno y hubiese intentado disimular. No lo sé, el caso es que tenía la oportunidad de pillar al puto gordo en acción y tener algo con lo que cogerle de las pelotas. Aunque la situación me provocaba cierto vértigo, también estaba comenzando a inundarme de la placentera sensación que produce el que se giren las tornas después de tanto tiempo aguantando. Bueno, realmente no había sido tanto tiempo pero daba igual, había tenido que tragar carros y carretas desde que había llegado a mi vida ese tipo despreciable.
El caso es que me encontraba tras la puerta entreabierta y, si no fuese porque las había visto antes por la oficina y que era conocer de su condición de becarias, hubiese jurado que se trataba de profesionales. El muy bastardo se había agenciado una tía rubia y otra morena, ambas jóvenes, atractivas y con cuerpos de infarto. No me podía imaginar cómo era posible que unas mujeres así se hubiesen fijado en este personaje sucio y decadente, me parecía similar a ir a un restaurante y que me ofreciesen un plato de mierda cocinada; ¿Cómo eran capaces esas muchachas de elegir la mierda? Con la de tíos buenos que había por ahí y tenían que haberse fijado en esa piltrafa, supongo que el asunto se explicaba por lo de la erótica del poder y demás pero no me entraba en la cabeza. La situación era la siguiente, mi puto jefe estaba apoyado en la mesa poniéndose tibio de güisqui mientras las dos fulanillas se daban el filete y se desnudaban poco a poco. Las tías estaban a la faena y, por lo menos en apariencia, parecían disfrutar. Se pasaban la lengua a lo largo de su anatomía perfecta mientras se magreaban sin parar, nunca había visto nada igual que no hubiese sucedido en una película porno. El otro parecía relamerse ante la situación que se le presentaba y sus ojillos de jabalí brillaban nerviosos, miraba a las dos chicas alternativamente como si no supiese con cuál de ellas quedarse. Yo observaba todo por el resquicio que habían dejado abierto y la verdad es que estaba tan sorprendido que ni tan siquiera me excitaba la escena de la que estaba siendo testigo.
De repente, como si le hubiese dado algo, el tipo apuró de un trago el licor que estaba tomando y se deshizo de su camisa y americana. Una enorme barriga blancuzca y gelatinosa apareció en escena, era descomunal y estaba cubierta de una pelusilla de pelos desagradables. Las tías como si nada, seguían a lo suyo, dándose caña mientras el otro se acercaba con expresión salvaje. Se bajó los pantalones y lo que vi ya se salía de toda explicación normal, el tipo tenía una verga de dimensiones bíblicas que nunca me hubiese imaginado que podría poseer ese maldito gorila. Debía ser una suerte para él pues, en caso de tener un miembro normal, lo más probable es que no consiguiese sobresalir debido a la enorme tripa cargada de grasa que tenía. Las muchachas miraron temerosas ese capullo violáceo que se acercaba hacia ellas, debo decir que yo también estaba expectante por comprobar quién se llevaría el premio gordo. Ellas, sin embargo, no parecían tan ansiosas por recibir el castigo que parecía que se avecinaba. Estaba claro que eran unas zorras pero seguro que albergaban la esperanza de que con una pequeña mamada todo quedase arreglado y comenzase así su promoción laboral; nada más lejos de la realidad, iban a tener que sudar para lograr medrar en la empresa. Esbocé una sonrisa y pensé que se lo tenían merecido, por trepas. Una de ellas se abalanzó sobre mi jefe intentando distraerle, fue inútil ya había elegido su presa y, por desgracia para ella, era la rubia la que iba a tener el honor de probar semejante cacharro.
La cogió, le dio la vuelta, la puso sobre la mesa y creo que se la metió por el culo pues pegó un grito que nunca pensé que podría proferir una garganta humana. Mientras, la otra, se afanaba por tocarle un poco para rebajar el malestar de la enorme tranca atravesando su recto. No servía para nada, la cara de la rubia era un poema que mostraba el tremendo dolor que estaba experimentando mientras el animal obeso que tenía detrás arremetía una y otra vez. En ese punto es cuando se produjo lo más llamativo, el cerdo de mi jefe agarró la botella, le pegó un lingotazo y, después, de un cajón de la mesa sacó, mientras seguía penetrando a la becaria, un gorro de Papá Noel que se calzó. Por último, como si se tratase del puto espíritu de una navidad pornográfica, comenzó a pegar las típicas risotadas que emitía ese personaje de voz ronca y profunda. Las chicas, por su parte, esperaban que el correctivo terminase pronto y fue en ese instante cuando reparé en que sería mejor que me largase.


Nacho Valdés