
Responsabilidades regias
El pueblo español, de natural ingrato, vuelve a dar muestras de su falta de tolerancia ante lo que es un ejemplo más de dirección regia en una nación que, en caso de no existir nuestra afamada monarquía, se iría a pique. Es bien sabido por todos que don Juan Carlos, monarca cercano además de gran gestor, realiza una función primordial en la gestión de nuestro país que por ejemplo nos salvó en el año ochenta y uno de una nueva dictadura. Pero, por encima de este dato, tenemos otros valores vinculados a la corona que la hacen ser una de las instituciones más reputadas y de más solera de nuestra tierra.
Si comparamos nuestra Casa Real con la del resto de monarquías europeas queda patente, sin necesidad de profundizar demasiado, que estamos ante una realidad que apuntala y da seguridad a nuestra gran Nación. Lejos de los escándalos, fiestas y demás contingencias que se suceden en Inglaterra, Holanda o Mónaco aquí estamos sólidamente orientados por nuestros líderes de sangre azul. Qué significa un pequeño desliz marital que acabó en divorcio o un leve desfalco protagonizado por el malvado Urdangarín; con todo lo que nos ha dado nuestro querido Don Juan Carlos. ¿No merece un poco de paciencia y comprensión? Pero, tal y como se acostumbra en este país, se le ha pagado con ingratitud e incomprensión pues no se le ha dado a nuestra familia regia un voto de confianza ante los supuestos problemas que se han venido produciendo en los últimos tiempos. Así que, en lugar de valorar los sacrificios que se realizan desde Zarzuela, el republicanismo infecto que inunda los medios de comunicación y la opinión pública se dedica a atacar de manera sistemática a nuestra real institución que hace las veces de sostén de nuestra gloriosa Nación.
Por ejemplo, sin ir más lejos, los presupuestos de la Casa Real se han reducido, agárrense amigos, nada más y nada menos que un dos por ciento. ¿Saben ustedes lo que eso significa? ¿Se imaginan ustedes en qué situación va a quedar la representación estatal ante tamaños recortes? ¿Qué pensarán los líderes cuando sean recibidos entre la miseria que acompaña a estas limitaciones económicas? En fin, no sé cómo hará don Juan Carlos para solucionar esta problemática pero tengo la certeza de que con su innata capacidad para la improvisación y su agudo ingenio logrará remontar lo que puede ocasionar más de un problema diplomático. Quizás tenga que cambiar las huevas de esturión por las de lumpo o reducir el número de lacayos necesarios para los actos protocolarios, quién sabe hasta dónde tendremos que llegar por esta maldita situación que también arrastra a nuestros amados dirigentes.
Otra situación que ejemplifica perfectamente cómo nuestro rey se sacrifica es la que se ha dado en los últimos tiempos. Aprovechando su convalecencia los enemigos de la monarquía han saltado a la palestra para atacar de forma desmedida a nuestro representante que, postrado en su cama, es incapaz de defenderse. Qué se pongan a temblar pues volverá con ánimos renovados y, no les quepa la menor duda, pondrá a cada uno en su lugar. Ahora resulta que ir a África invitado por un príncipe saudí a matar elefantes desbocados y peligrosos es motivo de crítica; ¿en qué país estamos? ¿No nos damos cuenta del sacrifico que supone tamaña hazaña? En lugar de dejar a los pobres africanos a merced de los infames paquidermos que campan a sus anchas por esos territorios, nuestro rey decidió realizar un acto de heroísmo sin parangón y jugarse el tipo para acabar con esa terrible lacra que azota al continente negro. ¿Es esto denunciable? Yo creo más bien que se trata de un motivo para ensalzar a nuestro querido monarca y, por supuesto, no debemos olvidar que ya había acabado con una banda de osos pardos borrachos en Rumanía, con unos búfalos agresivos e insociales e incluso con varios leopardos antropófagos. En definitiva, debemos reconocer el mérito que realiza nuestro líder en virtud de las actividades cinegéticas que desempeña de forma altruista.
Por otro lado, me quedo tranquilo al comprobar que la dinastía borbónica está bien cubierta pues hay que reconocer que, independientemente de su increíble físico, don Juan Carlos va cumpliendo años. Sin embargo, constato con orgullo como Felipe Juan Froilán sigue los pasos de su abuelo y ya está pegando tiros para seguir con esta impagable función de selección eugenésica. Por el momento se ha volado un pie pero, suponiendo que siga el camino marcado por su antecedente, acabará pegándole un tiro a su hermana. Tiempo al tiempo.
Nacho Valdés







