miércoles, marzo 03, 2010

En el Backstage Vol. 21


Jóvenes salvajes

Fuimos de los primeros en llegar, pocos eran los que respetaron el horario que supuestamente iba a seguir la actuación. La primera impresión, cuando llegamos a la sala XY de Aldaia, es que nos habíamos metido en la boca del lobo, que estábamos cavando nuestra propia tumba por asistir a un concierto. Lo primero que me vino a la cabeza fue la Teta enroscada de la película Abierto hasta el amanecer, los cuatro mataos que intentaban dar ambiente a la sala bien podían ser un grupo de no-muertos sedientos de sangre fresca. Superados los miedos y reticencias iniciales, descubrimos un buen garito de rock a pocos minutos de Valencia, aseado, con buen sonido, el tamaño justo y las condiciones necesarias para disfrutar de los Ilegales que en su gira de despedida recalaron el pasado viernes por Levante.
Poco a poco, parece que los moteros y viejos roqueros que poblaban el local estaban más espabilados que nosotros en cuanto al horario, el local se fue llenando y, con más de hora y media de retraso comenzó la actuación. Los músicos, con Jorge a la cabeza, salieron al escenario cargando con guitarras y bajo, no había ni un técnico, ni un ayudante, ni nada por el estilo. Se ve que no necesitan esa clase de polladas y, a pesar de llevar más de veinticinco años en la brecha, este asturiano sigue como el primer día, entregado a su público y sin hacer ningún tipo de concesión a las estupideces que suelen acompañar a los artistas consolidados.
El sonido era más que bueno y el ambiente, aunque no era de nuestro estilo, era correcto. Pocos eran los jóvenes y muchos los calvitos, las barriguitas y los cuerpos ajados por el paso del tiempo. Estaba claro que únicamente la vieja escuela había asistido al concierto, se puede decir, que éramos de los más juveniles de entre los asistentes. A pesar del retraso la cosa empezó potente y no paró en prácticamente dos horas y media, si alguien tenía ganas de Ilegales esa era su noche. Jorge no dejó nada en el tintero, tocó y tocó, mientras no paraba de hablar y soltar cualquier chorrada (la mayoría graciosas) que se le pasase por su perturbada cabeza.
Hubo éxitos, canciones prohibidas y temas desconocidos. Se puede decir que el recorrido fue completo, y no era para menos, la banda se despedía para siempre y ponía a la venta una caja con su discografía completa, ocasión que no dejaré pasar para completar mi colección de discos. De mis temas preferidos no faltó ninguno: Hola mamoncete, Destruye, Yo soy quien espía los juegos de los niños, Odio los pasodobles, Eres una puta pero no lo suficiente y muchísimos más que no recuerdo. El citado Odio los pasodobles fue acompañado de un dedicatoria memorable a Manolo Escobar con la que estuvimos riéndonos un buen rato, también desmintió los rumores que sostenían que Jorge era el hijo del papa. En fin, que hubo de todo y para todos.
Musicalmente la banda sonó fuerte, contundente y totalmente entrenada y bragada en mil noches de concierto y en miles de horas de ensayos. La sala estaba a la altura de las circunstancias, con un sonido más que decente y un local adecuado para la concurrencia. Jorge utilizó una Gibson Les Paul la mayoría del concierto puesto que nos confesó que su Stratocaster estaba un poco traviesa. El tío me sorprendió por la pericia con la que tocaba, me esperaba un guitarrista vulgar y sucedió todo lo contrario. El amigo Jorge Ilegal es un guitarrista de altos vuelos que nos llevó desde los ritmos más roqueros, hasta momentos más reggae y todo esto, pasando por precisos solos en los que clavaba cada una de las canciones que acometía.
En definitiva, una gran noche en la que Laura, Sergio y yo nos lo pasamos muy bien. Yo por lo menos, me llevé una alegría al asistir a un concierto de un grupo único que probablemente no vuelva a girar y que suena estupendamente. Como diría Jorge: “Ese viernes Satán estuvo de nuestro lado y, como no podía ser de otra manera, los chicos malos triunfamos”.

Nacho Valdés

lunes, marzo 01, 2010

A day in the life

Robert Foster, ex Go-Beetweens, ha publicado un decálogo titulado "10 reglas del Rock And Roll" y Diego. A Manrique, reflexiona sobre él en su artículo del País de ésta semana. El libro, desgrana el día dia de una banda de rock mediante aforismos. Está bastante acertado en muchos de ellos, y, la verdad es que no me ha costado mucho ver reflejados en esas reglas máximas a muchas bandas de aquí. Especialmente a una de Madrid de nombre...

En el ángulo muerto Vol. 49


Reflejos

Todavía no ha amanecido, voy a tientas hasta el baño, tropiezo con la pata de la cómoda y sofoco la queja para no despertar a mi mujer. No sé porqué me contengo, será para no tener que escuchar sus quejas. Últimamente sólo discutimos. Enciendo la luz, el espejo de cuerpo entero me devuelve mi imagen. Lo que veo no me gusta; estoy sin afeitar, el pelo negro enmarañado y el pijama arrugado. Me desnudo y muestro mi cuerpo un tanto ajado, ya no es el de antes, la incipiente barriga comienza a asomar, el pecho más caído, me da la sensación de que el pelo está en retroceso. Pienso que debería volver al gimnasio, pero enseguida recapacito y decido que estoy harto. Estudio las imperfecciones de la cara, las bolsas debajo de los ojos, la piel grasienta y mi físico que comienza el declive; se me tuerce el gesto, no puedo remediarlo.
Me siento en el suelo, me aguanto la cabeza entre las manos y me hundo un poco más en la miseria de la falsedad. De la mediocridad en la que vivo, de las mentiras en las que he fundamentado mi vida, la farsa de la que nace mi familia y de la que no puedo huir. Me asqueo por la imagen que proyecto, el eterno triunfador, una cáscara sin nada dentro, vacío de cualquier contenido; caigo en que eso es lo que sucede, que no tengo nada que ofrecer, vivo en una ficción de la que ya no puedo escapar.
Me levanto y me meto en la ducha, dejo que el agua resbale y me relaje, pero no soy capaz de dejar mi mente en blanco, sin preocupaciones. Escucho como mi hijo protesta en su cama, temo que algún día me descubra, que sepa cómo soy y a qué me dedico. Llegará el momento en que la verdad se haga patente, que su admiración se diluya y que vea que el referente que respetaba no era más que un ilusión que no sirve, que está obsoleta. Me viene una arcada, creo que no puedo soportar la introspección a la que estoy sometiéndome, la lucidez con que de repente se me muestra lo que me rodea, lo que he creado.
Oigo que mi mujer se levanta, irá a hacerse el desayuno y a despertar a nuestro hijo. No me habla, únicamente delante del crío se muestra cordial, sabe lo de Estefanía, de eso estoy seguro. Me da exactamente igual, no aguanto a ninguna de las dos, ese es uno de los motivos por el que todo se ha ido al garete. Las malditas mujeres y todo lo que las acompaña, sus caprichos, su sexualidad y su sed de poder me han dejado seco, sin la fuerza de la que antaño hacía gala. Los años han pasado y no me queda nada, sólo la imagen que se derrumba día a día.
Me vuelvo a mirar al espejo, me afeito y me echo crema en la cara. Parece que tengo mejor aspecto, no creo que me dure mucho. Únicamente vestido con la toalla que envuelve mi cintura me siento huérfano, sin mi reloj caro, el traje de diseño y sin ir sentado en mi potente coche. Todos los que me ven piensan que soy feliz, que me he comido el mundo, aunque la realidad es que el mundo me ha devorado y me ha escupido. Eso es, soy el escupitajo del mundo, una sobra, algo sin valor y creen que estoy por encima, que soy la élite. Si supiesen la verdad dejarían de respetarme o, más bien, de tenerme envidia, de desear todo lo que tengo y anhelan. Ese es mi poder, la posición envidiable, las bellas mujeres que me rodean, mi familia intachable y el motor de mi coche que ruge en la carretera. Me miran a mi paso, sonrío, pero cuando veo mis ojos en el retrovisor veo la verdad, mi mirada ya no puede mentirme más, ya he descubierto mi propia falsedad; el agujero negro en el que estoy inmerso.
Salgo recién duchado, ella me mira con desprecio, de arriba abajo y se detiene un instante en la barriga. Que hija de puta es, estoy seguro que lo hace a propósito. Me enfundo el traje, cojo una corbata llamativa que resalta mi bronceado perpetuo y practico la sonrisa que tiene que salvarme durante el día. Cojo el maletín, prácticamente sin nada en el interior, pero tengo que vender humo y la imagen es fundamental. Salgo por la puerta, suspiro y pienso que este será otro día de mierda.

Nacho Valdés

viernes, febrero 26, 2010

jueves, febrero 25, 2010

miércoles, febrero 24, 2010

La Radio Rota de Mr. K



Las Consecuencias

Lo vulnerable e implosivo del Huracán

Enrique Bunbury cerró el año 2009 en México juntando a 90.000 personas en el último concierto de la gira Hellville deluxe. Un dato que, sin duda, engordaría el ego de cualquiera pero que en el maño, tan dado al divismo y al teatro, ha recorrido un camino contrario.
Las consecuencias son inevitables… canta el músico en el primer verso del disco.
En esta nueva entrega musical, se nos muestra un artista desprovisto de cabarets, electrónica y demás alhajas. Una faceta íntima y vulnerable sobre la que hasta ahora no teníamos noticias. Quizá podría situarse el punto de partida de este nuevo camino sonoro en la luminosa canción El tiempo de las Cerezas publicada dentro del trabajo homónimo junto a Nacho Vegas.
Dicho disco se convirtió, a su vez, en la primera pieza de la trilogía Canciones desde El Puerto, que continuó con el polémico Hellville deluxe y a la que ahora pone fin Las Consecuencias.

El álbum es unidireccional, no por ello plano. Exceptuando la épica e iracunda Es hora de hablar el resto de canciones conforman un horizonte musical lineal, reposado y profundo. Hasta ahora las anteriores entregas discográficas del aragonés, aun marcando fielmente un estilo propio, guardaban una amplia diversidad de géneros musicales. En Las Consecuencias no ocurre esto. El músico lo ha definido como un disco de cámara y la verdad, es que no es una mala etiqueta. A veces da la sensación de haberse metido por la puerta de atrás en las últimas grabaciones que Johnny Cash hizo junto a Rick Rubin; como en la confesional 21 de octubre de 2006. Es muy valioso el hecho de haber mantenido para la grabación del disco a los mismos músicos que le han acompañado durante la última y exitosa gira. Se nota que hay una banda de música tocando a la vez y no sólo instrumentistas reunidos frente a frente.
Entrando ya en las canciones, sobresale la oscura y enigmática Ella me dijo que no(quizá la mejor canción de Bunbury), crónica de una ruptura sentimental. Las cosas que hace uno para vivir y no perder la cabeza canta un demolido Bunbury en la mejor parte de la canción. Destacan también el nuevo acercamiento a la figura del púgil abatido(quizá un tema ya demasiado tocado) en El Boxeador o la gótica adapatación del clásico de Manuel Alejandro “Frente a frente” con Miren Iza de Tulsa de compañera vocal. Todos los textos del álbum están cuidados. Bunbury vuelve a remitir a la sencillez de la lírica de “Pequeño” pero impregnada también con una densa oscuridad y madurez. Su voz adquiere nuevos matices gracias al carácter reflexivo del disco. Sin duda, es una de sus obras mejor cantadas.
Sirve este disco, creo yo, tanto para reivindicar el oficio del músico o el artista como la propia función de estos. No siempre hay que alegrar a la gente, a veces conviene asustar un poco nos dice Bunbury en la canción que da título al disco.
En resumidas cuentas, estamos ante un trabajo de orfebrería , profundo y maduro. Un nuevo traje a medida para el músico mañico. Por poner algún pero, encuentro algunas canciones demasiado extensas, sobre todo hacia el final del disco. Seguramente ganará más peso con el paso del tiempo.
Quiero terminar esta crónica citando a la cantante francesa Yvette Guilbert, la cual hace ya algún tiempo dijo : A veces pienso que el mundo no entiende a nadie. El artista, sea de donde sea, tiene que atravesar innumerables horas horribles y dolorosas, y si al final consigue que alguien le preste atención y le dé una oportunidad, sólo es para no entenderle.

¿Tendrá Yvette descendencia en Zaragoza?

Saludos desde el infierno.

Mr. K

martes, febrero 23, 2010

Retratos (Vol. 7)



Tico

A veces las formas más pequeñas son las que causan estragos más grandes. Y si hablamos de tamaños, no había nada tan menudo como Tico.
Llegó a nosotros como suelen llegar las mejores cosas, sin previo aviso. Y desde ese primer dia, nos dimos cuenta de que era especial.
Nos unió en un momento de extrema aspereza sentimental. Volvió a entrelazar mis manos con las de ella, consiguiendo que regresáramos juntos para andar en una misma dirección. Se convirtió en una pequeña fuente de energía alrededor de la cual todo giraba. No me equivoco si digo que, sin él hoy no estaría donde estoy, esperando un hijo que el pequeño Tico ayudó a concebir.
Toda su fragilidad despertó en nosotros el sentimiento materno y paterno. Nos hizo mejores personas. Ahora se ha ido y no logró encontrar panacea para un vacío tan grande que un cuerpo tan mínimo ha podido dejar.
Sé que no me olvidaré de él. Ni de su mirada perdida y su andar patizambo. Con el tiempo también le hablaremos a Marc de Tico y de lo que ayudó a construir. Un hogar, un amor, una familia. A fin de cuentas, una vida.

Te echo de menos.

lunes, febrero 22, 2010

En el Backstage Vol. 20


Pequeño gran hombre

La noche salió mucho mejor de lo que esperaba, cuando me dijeron que el concierto de Coque iba a ser acústico tengo que reconocer que me echó para atrás; pero que demonios, la semana anterior ya había tenido mi ración de rock duro y estaba dispuesto a dejarme llevar por el pequeño cantante. El evento se celebraba en la sala Wah-Wah, local con gran sonido y en el que ya había pasado gratas noches de concierto.
Los teloneros, Los perros del boogey, arrastraron a una legión de jovencitas que dejaron sin espacio el pequeño local. Los chicos, más que nada voluntariosos, intentaron animar el momento previo a la llegada del gran Coque. Formaban un extraño grupo en el que todo tenía cabida; desde un guitarra que quería parecerse a una especie de Loquillo, otro que iba de modernete, el batería con una estética heavy metal y, la joya de la corona, el afectado cantante y guitarrista que no paró de poner morritos, caritas y demás poses ridículas para regocijo de las adolescentes que parecían idolatrarlo. La propuesta era sencilla, un rock efectista, guitarrero y sucio con unas letras vacías y estúpidas que en ningún momento llegaron a convencerme. Los chavales ponían ganas y se ve que van teniendo tablas, pero mucho camino les queda por recorrer para llegar a ser un buen grupo. Se quedan en lo que son, un conjunto efectista y festivo que poco tienen para ofrecer.
Después de una pequeña pausa una pequeña figura se dirigió al escenario cargando con su Gibson, saludó y con la compenetración de un tal Nico, que iba a los mandos de la guitarra eléctrica, se pusieron manos a la obra. El pie del concierto fue al grano, la versión de No puedo vivir sin ti que tanto suena en televisión, abrió el recital y dejó a todo el público entregado desde el primer instante. La cosa fue un tanto inesperada y no permitió que pudiese fijarme en el aura que irradiaba el pequeño artista, con su americana y fular al cuello, con una guitarra casi tan grande como él, llenaba sin problemas el escenario con una carisma increíble que nos confirmaba que estábamos ante alguien especial.
El agobio de gente se intensificó, pero en este caso hubo un cambio generacional, las jovencitas que estaban coreando los hits de los perros se echaron a un lado para dejar paso a un público un poco más adulto. La cosa iba sobre ruedas y, a pesar de que era una tortura ir a por una copa y conseguir beberla entre el gentío, el bueno de Coque estaba dándolo todo y entusiasmándonos con su repertorio. Además, con su voz inconfundible que modulaba perfectamente y el ritmo que llevaba en sus manos, bien escudado por su guitarra solista, el concierto parecía ir rodado. A pesar de que no conocía la mayoría de las canciones, su estructura sencilla, aunque con contenido, me permitía disfrutar de todos los temas que acometía. Tenía la impresión de conocer todo lo que estaba tocando, como si ya lo hubiese escuchado antes en otras muchas ocasiones.
De repente, sin previo aviso, se destapó la caja de los truenos y el pequeño hombrecillo que estaba haciéndonos disfrutar se cabreó en sobremanera sin motivo aparente. Parece ser que algunos estaban hablando mientras tocaba y el tipo se pilló un rebote tremendo, demostró tener una gran cantidad de temperamento en un cuerpecillo realmente pequeño. Fue increíble el rebote que se pilló el bueno de Coque, no sé cómo fueron las cosas desde su punto de vista, pero desde el mío la cosa no era para tanto. En fin, creo que fue un tema de ego más que una molestia del público, aunque el asunto se solucionó sin mayores complicaciones. Después, como si nada hubiese pasado, terminó el concierto, con alguna concesión a Los Ronaldos y atendió a su gente sin que el enfado pasase a mayores. Parece ser que reconoció, había estado en otras ocasiones en el Wah-Wah, que tenía que haber ido con banda, en lugar de hacer el concierto acústico. Espero que así lo haga, pues disfruté mucho y me gustaría verle al frente de una banda. En definitiva, una gran noche y un gran concierto en el que hubo un profundo recuerdo para mi colega Sergio, espero que en la próxima ocasión podamos disfrutar juntos de este pequeño gran hombre.

Nacho Valdés

En el ángulo muerto Vol. 48


Déjame en paz con esos líos

Pedro llevaba más de media hora esperando para entrar en el despacho, sabía que al director de proyecto le gustaba hacerse rogar, era uno de sus ardides preferidos. No estaba seguro de cuál era el motivo del requerimiento, pero no tenía expectativas demasiado halagüeñas. Se recostó en la butaca de la sala de espera y fijó la mirada en uno de los fluorescentes del techo mientras repasaba mentalmente los posibles errores que podía haber cometido en los últimos días. Recapituló lentamente los acontecimientos, sí era verdad que el proyecto estaba un tanto retrasado, sí era cierto que su coordinación había producido algunas fricciones, pero aparte de esos, en su opinión, ínfimos detalles todo iba más o menos como se esperaba.
Se abrió la puerta que daba paso al recibidor anterior al despacho del director, en ese espacio estaba la secretaría que le invitó a pasar. Pedro llamó a la puerta y entró sin esperar contestación.
- Siéntese. – Pedro se acomodó en una silla frente a la enorme mesa en la que descansaba los brazos el director.
- ¿Quiere un cigarro? – Sabía de sobra que él no fumaba, pero consideró que se trataba una simple norma de cortesía. Encendió el tabaco y le dio una profunda calada, expulsó el humo en su dirección. Después le observó altivo durante unos instantes, como escudriñando en busca de alguna fisura o algo que le diese el pie para arrancar.
- ¿Sabe por qué le he llamado?
- La verdad es que no tengo ni idea. – Respondió Pedro sinceramente.
- Pues el caso es que no estoy satisfecho con la marcha del proyecto que usted coordina. Esto no dice nada a su favor. – Hizo una especie de pausa dramática. – Estoy replanteándome su situación en el organigrama de la empresa.
- Pues tengo que decirle que no estoy de acuerdo con la valoración que está realizando. – Se sentía indignado, como poseído por una especie de emoción que nunca antes había experimentado.
- En fin, los informes que he recibido contrastan entonces con su opinión. Yo creo que la cuestión estriba en su incapacidad para la dirección del grupo que le encomendé a su cargo.
- No sé de qué me está hablando. Mis relaciones con… - Fue cortado tajantemente en mitad de la frase.
- No tiene que explicarme nada. – Cortó subiendo el tono. – Tengo las referencias necesarias para tomar una decisión en este sentido.
- Como iba diciendo…
- No me interesa su opinión, la decisión está tomada. – Pedro recordó la discusión con una de las integrantes del proyecto, era guapa, joven y no descartaba usar sus encantos para medrar. Se había trabajado al jefe, ahora lo tenía claro.
- No me diga más, mi puesto será ocupado por Verónica. – Dijo en un arranque pasional que ni él se esperaba.
- ¿Cómo lo sabe?
- Eso es cosa mía. – Contestó Pedro con desdén. – Le voy a dejar las cosas claritas.
- ¿Sabe con quién está hablando? – El director se había acodado en la mesa con cara de incredulidad.
- Me la trae floja quién sea usted y a qué se dedique. Lo único que sé es que es un puto inútil cuya única motivación es echar un ojo a un escote o echar un polvo furtivo si es posible. – El director balbuceó algo incomprensible.
- Sólo le digo una cosa: como haya algún cambio en mi proyecto le aseguro que su mujer, superiores y subalternos se van a enterar de todas sus putas correrías. ¿Me ha entendido?
- Tengo que interpretar que me está amenazando.
- Resulta que es más inteligente de lo que pensaba. Sí, le estoy amenazando y todavía me estoy aguantando las ganas de cogerle de su puta corbata y apretar hasta romperle el cuello. – Pedro había levantado en tono y había enrojecido. – Debería patear su puto culo de maricón. – El director se echó instintivamente para atrás. – No sé que le habrá prometido a la zorra que intenta pisarme el terreno, pero le advierto que la quiero fuera del grupo y lejos de mí si no quiere que cumpla mis amenazas. ¿Lo ha entendido?
- Sí, sí… - Balbuceó el dirigente ante el dedo extendido en sus narices.

Pedro se levantó, se abrochó la chaqueta y salió sin despedirse por donde había entrado. Estaba seguro que su situación en la empresa mejoraría a partir de esa conversación, era una especie de pálpito que tenía.

Nacho Valdés

A day in the life

Finalmente, la discográfica EMI ha dado marcha atrás en su decisión de vender los estudios Abbey Road. Desde que la noticia saltó al candelero ha habido miles de reacciones.

Aquí os dejo una muestra :

- El Espíritu de Abbey Road por Diego A. Manrique

- Abbey Road por Adrián Vogel

miércoles, febrero 17, 2010

A day in the life


La música se muere, Abbey Road se vende.


La discográfica EMI atraviesa una de sus peores crisis. Es por ello, que ha puesto a la venta los míticos estudios Abbey Road, los cuales existen desde 1931. No hace falta recordar todo lo que esos estudios han albergado.
Sin duda, es una triste y premonitoria noticia.

martes, febrero 16, 2010

En el Backstage Vol. 19


El ruido y la furia

La bucólica y casi fallera Valencia recibió este fin de semana un terremoto musical llegado de Euskadi, los Soziedad Alkoholica recalaron en la rivera del Turia y dejaron a su paso un sinfín de desórdenes y riffs acelerados. Como no podía ser de otra manera y, a pesar de que la actitud fue más bien recaudatoria, el concierto dejó muestras del despliegue de este mítico grupo de la escena underground española.
La cosa comenzó mal cuando a mediados de semana se anunció un cambio de fecha y sala, del sábado en un local testado y más que contrastado, pasaron al domingo a una sala desconocida de la que no tenía referencias. Durante la actuación nadie se acordó de estos datos, pero los días previos estuvieron lastrados por estos condicionantes. Al final resultaron casualidades beneficiosas pues, además de utilizar el domingo para algo más que estar tirado en el sofá, descubrí un más que digno lugar de conciertos del que no tenía constancia.
Comenzó la noche con los voluntariosos The Eyes, que se quedaron en eso, en voluntad y empuje sin respaldo musical. Por lo menos su propuesta era descarada y mostraban desparpajo sobre el escenario, musicalmente, tomando como referencia lejana a los SA, quedaron al descubierto por sus enormes carencias. De todas formas resultaron un preludio divertido y entretenido para tomarse un par de cervezas.
Al rato aparecieron los míticos Soziedad Alkoholica, hacía años que no los veía fuera de un macrofestival y estaba deseoso de comprobar cómo se desenvolvían en las distancias cortas. La sala, tenía un tamaño medio y estaba con los suficientes espacios para poder disfrutar cómodamente del recital. El sonido más que digno, permitía sentir toda la contundencia de los acelerados ritmos de la banda. Además, como aliciente, la barra era de fácil acceso y resultaba especialmente cómodo pedirse una cervecita o copa para disfrutar de la actuación.
En los últimos tiempos, los SA habían vuelto al estudio para regrabar el disco negro, el primero, el más mítico y con el que alcanzaron cotas a las que nunca, en sus más de veinte años de carrera, han vuelto. Ya me había advertido un viejo amigo curtido en mil noches musicales que me iban a sorprender, que por fin vería un concierto diferente a los últimos cuatro o cinco a los que había asistido. No estaba equivocado, la excusa de la regrabación de ese primer trabajo les permitió desempolvar todos los viejos éxitos de los que no había sido testigo en directo.
Comenzaron con uno de esos himnos que recuerdo haber coreado en bares, parques y demás correrías de juventud. En cuanto sonaron los primero acordes de Perra Vida quedó claro que la cosa iba en serio, que no habían venido de paseo. Volvían a sus momentos hipercríticos con los que nos embargaban en sus primeros años, todo acompañado de una ejecución implacable en el que las guitarras afiladas, la batería contundente y la inconfundible voz de Juan nos hicieron disfrutar. Después vendría un aluvión de temazos como SHAKTALE, Civilizacion Degeneración, Cienzia Asesina, Pelota, Ya Güelen, Ratas y Tijera contra papel. De esta forma se recuperaron innumerables momentos que creía olvidados en mi particular historia; se puede decir que los Soziedad Alkoholica se han sometido a un tratamiento de rejuvenecimiento con motivo del vigésimo aniversario de la banda. Están en plena forma y hacen gala de una actitud envidiable. Sólo una cosa puedo criticar, pues sonido, repertorio, sala y demás estuvo a la altura del acontecimiento, y es que la actuación fue de algo menos de hora y media se me pasó volando. Nos quedamos con ganas de más, pero estaremos a la espera del regreso de la mítica banda de Vitoria. De toda la noche una sola duda me quedó. Sentí una extraña presencia, me pareció ver a Mr. K a lo lejos, entre la gente, acodado en la barra hablando con una bella camarera. Cuando quise acercarme ya había desaparecido, quizás solo fuesen imaginaciones mías.

Nacho Valdés

lunes, febrero 15, 2010

A day in the life

Bob canta en La Casa Blanca

El pasado miércoles Bob Dylan cantó en la Casa Blanca con motivo de un concierto por los derechos civiles. El viejo Dylan suele ser bastante huraño con este tipo de actos asi que la ocasión merece al menos un comentario. Aquí os dejo el video:

En el ángulo muerto Vol. 47


Ambición

Cuando era pequeño, como a todo niño, me daba la impresión de que el mundo rotaba a mi alrededor, de que todo se reducía a mi pequeño e infantil punto de vista. Por supuesto, con el paso de los años, cambié esta postura. Me vi obligado a abrirme al exterior y encontrarme con los demás, con el orbe, con lo que me rodeaba. Esta experiencia, lejos de cerrar mis pequeñas expectativas, las avivó. Tuve la impresión de que todo lo que estaba circundándome era mediocre, que yo estaba por encima de la media y que, de alguna manera, estaba destinado a cambiar las cosas.
Por supuesto era autodidacta en mi formación, consideraba que nadie estaba facultado para ilustrarme, que yo mismo sería capaz de lograr y alcanzar el nivel intelectual y creativo que ansiaba. La literatura era mi válvula de escape, un trabajo solitario en el que en alguna ocasión me vi recompensado en varios certámenes literarios. Realmente lo que me gustaba del mundo de la ficción era el que no tenía que juntarme con nadie, que podía, sin ayuda externa, organizarme a mi manera. Me impuse una dinámica de trabajo ardua y entregada que me llevaba hasta la extenuación, mi intención era triunfar en el universo literario y hacerme un nombre que por lo menos me permitiese vivir de mi genio. Trabajaba como camarero algunas horas para sacar adelante el piso compartido en el que vivía, pasé enormes privaciones y tuve que recibir multitud de ayudas para componer mi primera novela sustentada sobre nicotina, cafeína e insomnio.
Por supuesto fue un completo fiasco. No hubo ningún interés por ninguno de los editores con los que contacté, se puede decir que mi debut no fue demasiado halagüeño. Finalmente logré sacar la publicación adelante, tuve que pedir un préstamo a un familiar y vender mi obra como pude entre conocidos, amigos y compromisos. La crítica, que por supuesto no era especializada, no fue demasiado benévola con el trabajo que tanto esfuerzo me había costado sacar adelante. Lo achaqué a la baja capacidad intelectual reinante en los demás, a la medianía en la que estaba inmerso. Supuse que si quería alcanzar el anhelado éxito tenía que rebajar mis pretensiones, darle al vulgo lo que deseaba. No me lo pensé más y, partiendo de la base de mi innegable potencial, me puse con mi nuevo cometido.
El dinero que había sacado de mi poco rentable publicación todavía aguantaba, tenía un remanente que me permitía malvivir en mi pequeña habitación. Decidí no pedir ayuda a nadie, robaría si fuese necesario, pero no volvería a pasar por la humillación de tener que rogar una limosna para aliviar la situación que atravesaba. El plan urdido era brillante por su sencillez y austeridad; no saldría de mi cuarto más que para lo que fuese estrictamente necesario y reduciría las comidas al mínimo posible para sobrevivir. La pérdida de peso hizo que mi rostro se demacrase y mi cerebro se abotargase por los múltiples programas rosas que veía en busca de la inspiración villana que me daría el pasaporte a la fama; era un trabajo titánico pero me veía en la obligación de hacerlo, de sacar adelante la que era mi única aspiración.
Encontré el argumento y me puse a escribir de manera febril, como si algún tipo de automatismo me dominase y me llevase a la creación convulsiva. Mi genio estaba desatado, la historia era un especie de triller policíaco con tintes de romance, algo que, en mi opinión, llegaría a todos los públicos.
Cuando hube terminado, tras meses de trabajo agotador, comencé a mover la obra entre los editores a los que conocía. El interés fue inmediato, mi novela estaba respaldada y parecía que había un interés profundo por parte del público. Rápidamente los ingresos se multiplicaron y se convirtió en la referencia literaria del año, estaba pletórico. Firmé un contrato que me ataba con la editorial para tres obras más, todas siguiendo el mismo estilo y esquema que el bombazo que había escrito.
El problema llegó con las opiniones vertidas respecto a mi trabajo, fue vapuleado y destrozado por los aparentemente sesudos intelectuales que se dedican a triturar el esfuerzo de los demás. Me vi sin fuerzas para continuar, no quería labrarme un destino oscuro en el que fuese uno más de entre los mediocres escritores de best seller. Caí en una terrible depresión que me llevó al incumplimiento de contrato y a una demanda por este motivo. Hoy por hoy, estoy a la espera de juicio mientras escribo estas líneas desde el pabellón psiquiátrico en el que estoy encerrado. Parece que en lugar de cambiar el mundo, ha sido éste el que me ha devorado a mí.

Nacho Valdés

miércoles, febrero 10, 2010

A day in the life

Ringo ya tiene su estrella




El Beatle Ringo Starr tiene por fin su merecida estrella de la fama junto al edificio Capitol Records. Starr no se sentirá solo pues junto a él están sus compinches John Lennon y George Harrison
Paul Mcartney se convierte en el único Beatle sin estrella. Curiosa paradoja,¿no?

martes, febrero 09, 2010

En el ángulo muerto Vol. 46


Un tipo excepcional

Dicen que estaba mal, que bajo la aparente alegría, oculto en esa forma de afrontar los problemas, se encontraba un hombre vencido. A mí nunca me lo pareció, a pesar de que no éramos habituales, de que nuestra relación se había enfriado yo le seguía viendo como lo que siempre me había demostrado. Le consideraba un ganador. El cabrón tenía todo lo que se había propuesto, otros estábamos mucho peor para salir adelante. Quizás fue eso lo que le venció, lo que le hizo claudicar y clavar la rodilla en tierra.
Desde joven había destacado. No me preguntes porqué, pero el tío, cuando entraba en algún sitio se quedaba con todos los presentes, tenía un magnetismo especial que le hacía ser el centro de atención. En apariencia no hacía nada para lograr ser como era, todo lo contrario, parecía intentar pasar desapercibido y lograba el reconocimiento automático de la gente. Era increíble, las chicas no se le resistían, era algo alucinante como era capaz de desenvolverse, de lograr lo inalcanzable. Vamos, tenía estrella.
Yo me mantenía en un segundo plano, va más con mi carácter. De alguna forma era uno más de los que le idolatraban, de los que le veían como alguien especial y por encima de la media. Él, sin embargo, me trataba diferente, parecía como si la misma admiración que yo sentía, la experimentase él hacia mí. Formábamos un dúo, una pareja que siempre iba junta a todos los sitios. La diferencia estaba en que yo le necesitaba mucho más de lo que él me necesitaba a mí, o por lo menos eso es lo que me parecía.
Fuimos inseparables muchos años, se nos conocía prácticamente por el dueto que formábamos. Como siempre estas cosas tienen fecha de caducidad, yo me ennovié y él se fue a estudiar fuera, quería sacar rendimiento a su talento como dibujante. Manteníamos contacto y nos veíamos tres o cuatro veces al año y aunque no era lo de antes lo aceptábamos como inevitable. Creo que ambos albergábamos la esperanza de un reencuentro cuando nuestras vidas se fuesen encauzando de manera definitiva.
Nunca volvimos a unirnos como durante la juventud, llamadas y alguna visita no eran suficientes para sacar adelante la relación como en los viejos tiempos. Quizás fuese pueril y estúpido por mi parte el desear ese tipo de regresiones, pero creo que por su parte sentía lo mismo. Acabó viviendo en Bruselas y casándose. Por supuesto estuve en la boda y todos los años, de manera inevitable, yo y mi mujer íbamos a visitarle. Había logrado hacerse un nombre artístico y había montado una galería en la que no sólo ganaba dinero con su trabajo, sino que conseguía lanzar a jóvenes promesas. Parecía brillar como antes.
Cada vez que nos juntábamos y bebíamos unas copas, nos daba por lo mismo. Empezábamos a elucubrar, a proyectar un futuro común como si nuestros hijos y parejas no tuviesen cabida. Grandes historias que nunca llegaban a hacerse realidad. Por supuesto sólo servían para alimentar nuestra melancolía; luego, cada uno, seguía su camino.
Ayer me llamaron al trabajo, me interrumpieron en mitad de una de las clases que imparto en la universidad. Cuando vi la llamada desde el extranjero supe que algo tenía que ver con él, era su mujer. Al recibir la noticia tuve que sentarme, que dar por terminada la sesión. Era como si uno de mis sostenes vitales se hubiese caído, como si una certeza inamovible hubiese desaparecido. Dejé todo y cogí el primer vuelo directo, estaba abatido, como si de alguna forma fuese imposible lo que me habían dicho. Él no, no era capaz de llegar tan lejos y menos de renunciar a la vida que tanto amaba. Me dijeron que se colgó, que se hartó de vivir, aunque yo creo que esta es otra broma más de un tipo excepcional.

Nacho Valdés

jueves, febrero 04, 2010

A day in the life

Próximas adquisiciones sonoras :

- Vampire Weekend : Ínsultántemente buenos. Banda de New York con influencias africanas. Todos sus integrantes se conocieron en una escuela de cine. Estarán en Barcelona y Madrid el 27 y el 28 de febrero. Este es el single de su nuevo disco :



- Arizona Baby : A pesar del nombre, estos chicos son de Valladolid aunque no tienen nada que envidiar al sonido americano. Tienen excelentes canciones y además les produce el disco Paco Loco, el mayor especialista en este tipo de sonoridad de la península.



- Ray Lamontagne : Lleva sonando en mi casa desde que hace unos años descubrí su canción Trouble. Después ha sacado tres discos más, el último en 2009. Heredero del folk americano y de la voz de Tim Buckley. Uno de mis preferidos en los momento de soledad.

martes, febrero 02, 2010

A day in the life

Hace unas semanas os anunciábamos el estreno del videoclip de Enrique Bunbury, que servía como presentación del su nuevo disco. La canción es, en realidad, una versión del tema de Jeanette, Frente a frente. Bunbury esta arropado por la sensual voz de Miren Iza(Tulsa) tanto en la cancíon como en el video, donde hacia el final también aparece la autora original del tema.
El álbum lleva por título Las Consecuencias y se pondrá a la venta el próximo 16 de febrero.

Retratos (Vol. 6)

Sueño con Charlotte Gainsbourg cantando en una pequeña habitación de hotel. Más tarde, su cabello descansa en mi pecho mientras sus canciones han quedado ancladas a la pared. Le digo que la quiero pero no me escucha. Únicamente clava sus profundos ojos en los míos y susurra palabras que no comprendo. Siempre tuvimos el inconveniente del idioma.
Cuando por fin todo se desvanece mis ojos descubren la soledad de mi cuarto y una luz fundida. Me visto deprisa llevado por una aparatosa fuerza incontenible. Bajo corriendo las escaleras, tropiezo con vecinos que parecen venir de la guerra suplicando por la salvación del alma. No podrán conmigo. Salgo a la calle.
Entro en la tienda de discos y empiezo la búsqueda. Después de un tiempo razonable doy con ella de nuevo. Me mira de soslayo desde la portada. Una vez más le digo te quiero y ella responde: Llévame a tu casa.
Preparo el equipo de música, lo acompaño de un Whisky y quizás un porro. Me siento en el sillón de cuero y me pongo los cascos. El disco empieza a rodar como un carrusel delirante. Cierro los ojos y vuelvo a ver los suyos.
Te quiero Charlotte, cántame una nana antes de devorarte.

lunes, febrero 01, 2010

En el ángulo muerto Vol. 45


Extraños conocidos

- Te quiero. – Me dijo en cuanto entré por la puerta.
- Yo también te quiero. – Musité mecánicamente.
Estaba extrañamente mareado, me habían invitado, los compañeros y superiores, en mi último día de trabajo, a unos tragos en la cantina. Unas cervezas frescas que acabaron convirtiéndose en tequila, pasaron a los abrazos y casi a las lágrimas. Al final me tuve que escabullir, no soportaba la presión de ser el centro de atención. Un inmigrante rodeado de mejicanos cariñosos, ahora la vida volvía a abrirse ante mí, pero sin el vigor de la juventud.
Dejé todo tirado en el sofá, y reparé en que estaba especialmente bella. Se había maquillado un poco y vestía con un ligero vestido que favorecía sus formas maduras, el calor provocaba que el vaporoso tejido se ciñese involuntariamente a su piel tostada. Me miraba de forma distinta, o por lo menos yo reparaba en ello, cosa que probablemente no había hecho desde hacía mucho tiempo.
Me aflojé la corbata, y me tiré un segundo sobre mi butaca. La luz del caribe entraba por el ventanal y me provocaba cierto cosquilleo en el cuerpo, una especie de sensación de bienestar. Se acercó y me abrazó, yo no reaccioné, estaba ensimismado en el momento que inauguraba en ese instante tras el bullicio de las despedidas.
- ¿Por qué no te cambias?
- ¿Para qué? – Contesté sin mirarla.
- Hoy es un día especial. No te acuerdas que te jubilas.
- Ya lo sé, no tengo ni idea de si esto es bueno o es malo. ¿Tú que piensas? – Tenía la costumbre de preguntarle cuando no encontraba respuesta a mis atolladeros personales, ella solía tener una especial sensibilidad para solucionar ese tipo de asuntos.
- Ponte el traje de lino blanco, que estarás más cómodo. Después si quieres hablamos de todo esto. – Me dí cuenta de que la mesa estaba puesta con las mejores galas. El sol que se ponía en la bahía y la situación me provocó cierta alegría, un estado difícil de describir que no experimentaba desde hacia mucho tiempo.
- ¿Me pongo también el sombrero?
- Si quieres, estás muy guapo con él.

Me cambié en el cuarto, frente al espejo. Éste me devolvió la imagen de mi cuerpo gastado, arrugado y experimentado. No me angustiaba demasiado pero, como siempre, ella tenía razón. Ganaba muchísimo con el traje que me había dejado sobre la cama. La anterior sensación deprimente del alcohol estaba dando paso a un estado eufórico que la tarde caribeña resaltaba, me ajusté el sombrero, lo ladeé y me atusé el bigote que llevaba desde hacía más de veinte años. En el comedor se escuchaba cierto ajetreo, pensé que estaba terminando la cena o algo por el estilo.
Salí del cuarto de punta en blanco, ella estaba en el centro de la habitación, rodeada por siete mariachis que cuando vieron mi cara de pasmo comenzaron a tocar la ranchera de Sigo siendo el rey. Me quedé paralizado, en ese mismo instante, como si de una revelación se tratase, me di cuenta de que ella era lo mejor que me había sucedido en la vida, algo excepcional en lo que no siempre reparaba. Me miró a los ojos que se humedecían, no sabía qué decir ni qué hacer, se acercó y me besó en la boca. Nos abrazamos y comenzamos a girar al son que marcaban esos desconocidos que lucían amplias sonrisas. Le dije al oído con voz entrecortada: - Gracias por todo. Te quiero. – Esta vez lo dije con sentimiento mientras las lágrimas de alegría resbalaron por mis mejillas, al son de los mariachis mis incertidumbres desaparecieron. Nada importaba si estábamos juntos, nos acercamos a la terraza y escuchamos el final de la canción mientras la bahía consumía el sol que se ocultaba. Me dio la impresión de que mi vida empezaba de nuevo, la abracé y dejé que apoyase la cabeza en mi hombro mientras dejábamos que el momento se dilatase un poco más.

Nacho Valdés

jueves, enero 28, 2010

La Radio Rota de Mr. K,




Hello my Hungry Hearts friends…Os escribo desde el olvido metafísico de mis funciones más elementales. Disfruto de unas merecidas vacaciones tras un año algo agitado. Aun así, mi deshabitado cerebro es incapaz de dejar pasar las oportunidades sonoras que el tiempo nos regala.
El amigo de todos, Joaquín Sabina, publicó hace unos meses nuevo disco Vinagre y rosas. Como era de esperar, en poco tiempo se convirtió en disco de platino, éxito absoluto de ventas y por supuesto, el perro andaluz ya ha logrado cerrar más de 120 conciertos para el año que empieza.
Decir Sabina en España es decir mucho. Cuando el bardo se pone a escribir, asusta. Ya sabemos que no es el Sabina de antes, el que cerraba los bares con las manos llenas de coca y putas (él se encarga de recordarlo en cada entrevista), pero tampoco le queda ancho el traje de sobreviviente. Ese es quizás uno de los grandes problemas de sus textos actuales. ¿Qué Sabina debe hablar? ¿El ex cocainómano, el hombre que va al mercado por las mañanas o ambos a la vez?

Las letras, auténtica prueba del nueve de Vinagre y Rosas, parecen estar aquejadas de una extraña enfermedad a la que a partir de ahora podríamos denominar “Sabinitis”. Me da la sensación que el bueno de Joaquín hace un ejercicio de autoplagio con la pega de que, lo que antes rebosaba autenticidad, hoy es un ejercicio de estilo más que cualquier otra cosa.

Su último disco me resulta aburrido, desencajado y, en ocasiones, fuera de lugar. Parece que de tanto ir con Serrat se le ha pegado el mismo anquilosamiento en las grabaciones de las que hace escuela el catalán. Sabina lleva demasiado tiempo dejando recaer todo el peso de su producción musical en sus dos compinches Pancho Varona y Antonio García de Diego.
Las guitarras suenan en ocasiones a disco de Alejandro Sanz o de cualquier “baladista” del montón. Estridentes y absurdas. Las músicas remiten a algo ya escuchado anteriormente. Y no una vez, sino varias.

Sólo en una ocasión ha tenido el valor o la lucidez de probar otra cosa y, ¡sorpresa!, le tocó el premio. Grabó su mejor disco en manos de otro, la obra maestra 19 días y 500 noches, que parió junto a Alejo Stivel. Las letras y la música de esas canciones llevan la firma exclusiva de Sabina. A partir de ese momento, sus canciones las firman él y sus productores. La única razón por la puedo entender semejante encabezonamiento artístico es que Varona y De Diego son las únicas personas capaces de aguantar una grabación con Joaquín. Conocen mejor que nadie sus tiempos, su personaje, y su mala leche. Todos recordamos como acabó con Fito Páez durante la grabación de Enemigos Íntimos.

El disco contiene varias colaboraciones: Benjamín Prado, uno de esos poetas que el rock ha ido engullendo con su gran boca, se ocupa de algunos textos a pachas con Joaquín. De este pacto de caballeros ha salido el libro Romper una canción escrito por Prado donde se cuenta el proceso de construcción de las canciones y las miles de anécdotas que les sucedieron a estos dos outsiders.
La otra colaboración corre a cargo de los omnipresentes Pereza, los cuales firman increíblemente los dos mejores momentos del álbum. Los jóvenes roqueros ejercen como tales y dan un empujón al tempo general del disco. Eso sí, también nos regalan como siempre su estigma de payasos al rodar el video clip del single Tiramisú de Limón en una actitud totalmente alejada de la realidad, mostrando innecesariamente ,pues ni canción ni lugar lo requieren, todas las posiciones para tocar una guitarra de la forma más roquera posible.
Resumiendo, éste no es ni mucho menos el mejor disco de Joaquín, ni lo será el siguiente si sigue sin arriesgar. Confieso, no sin cierto reparo, que durante años le rendí pleitesía, y que seguramente por eso siga creyendo en él con el paso de los años.
En esos momentos tan íntimos me miro al espejo y la mente me dice: nadie sabe envejecer tan bien como Dylan.

Seguiremos emitiendo…


Mr.K

miércoles, enero 27, 2010

A day in the life



Wilco se suma a los músicos que recaudan dinero para ayudar a Haití. Desde su web, ofrecen en descarga dos conciertos (uno celebrado en julio en el Keyspan Park de Brooklyn, el otro es el concierto que la banda ofreció en el HMV Forum de Londres, en noviembre). Aunque la descarga es gratuita, se solicita voluntariamente un donativo mínimo de 15 dólares para OXFAM o Médicos Sin Fronteras.

Extraído de EfeEme.com

Desde aquí puedes acceder a los conciertos.

lunes, enero 25, 2010

En el ángulo muerto Vol. 44


¿Sube?

Su mano, rematada en unas garras tintadas de rojo, se interpone en la puerta, reconozco inmediatamente el enorme anillo de bisutería barata. Es la vieja del quinto. - ¿Sube? – pregunto. Ni siquiera contesta, me lanza una mirada tras sus gafas de sol que parece decir: “¿No es evidente que subo, imbécil?
Aprieto el botón de mi piso, que ella presione el suyo, ya estoy bastante harto de sus faltas de educación. Me pega un ligero codazo para acceder al panel, suspiro profundamente y los pulmones se me llenan del infernal olor proveniente de su especie de tupé cargado de laca perfumada. Despide una fragancia terrible, casi hipnótica en la que se mezcla senectud, mal gusto y un tufillo a ranciedad insoportable.
El ascenso es terriblemente lento, ella se baja en el piso anterior, vive justo debajo de mí. No deja de observarme tras sus cristales ahumados, parece estar escudriñando los secretos de mi alma, robándome mi aliento vital para devorarlo en el infierno. Viste con zapato bajo, supongo que considerara mi altura como descocada, ni tan siquiera me llega al hombro. Hay cierta perversión en su estatura, parece anclada en un mundo infantil salido de una pesadilla, de un mal sueño que me persigue. A veces me pregunto si esta mujer espera mi llegada para subir a su casa, si su única misión en la vida es hostigarme y ponerme nervioso.
Da igual, decido evadirme, controlo el ascenso vigilando los números digitales que a un ritmo tremendamente cansino van progresando poco a poco. No puedo, siento su mirada clavada en mí, parece que está indagando en mi interior. Comienzo a traspirar, la fragancia me sofoca, creo que me mareo, que estoy a punto de desmayarme. El ascensor da la impresión de un terrible sarcófago del que no podré salir, una tumba metálica de luces tintineantes que me recluirá con esta terrible mujer. Le echo una mirada que, por la expresión que la señora me devuelve, debe ser la más estúpida del mundo. Me observa con desdén, como deseando que sufra una lipotimia o algo peor. Me falta el aire, respiro con dificultad. Me sujeto el pecho con una mano, el corazón se me antoja desbocado, creo intuir una sonrisa en la comisura de sus labios. El estampado de leopardo de sus zapatos me confunde, produce que tampoco pueda dirigir la mirada hacia el suelo. Su abrigo de pelo me parece también desagradable, el conjunto no puede ser más horrible. Su cuerpo amorfo forma una especie de burbuja con su pecho hinchado y sus ridículas piernas esqueléticas, sufro una arcada.
Un piso más, no me queda nada, ¿podré aguantar? El ascensor se para un momento imperceptible que da la impresión de ser infinito, rezo por no quedarme encerrado, lo más probable es que uno de los dos acabase muerto; sospecho que sería yo el cadáver. Las puertas metálicas comienzan a abrirse, entra aire puro y la luminosidad del descansillo. Salgo de un salto, tropezando y haciendo aspavientos, tengo la sensación de haber sobrevivido a una experiencia límite. Tomo una bocanada y tengo el valor de volverme hacia las puertas que comienzan a cerrarse, tengo una última imagen de la terrible mujer que me atosiga y persigue, su rostro muestra una amplia sonrisa que no tiene sonrojo de revelar abiertamente.
Esa última imagen me perseguirá lo que resta de día, espero que no me acompañe también en mis sueños. Tengo miedo, mucho miedo.

Nacho Valdés

lunes, enero 18, 2010

En el ángulo muerto Vol. 43


Locura Transitoria II

La segunda fase del traslado fue la más complicada. Teníamos las paredes terminadas y habíamos comenzado a mover algunas cosas, parecía que todo funcionaba a buen ritmo. Aunque teníamos los dos lugares atascados, el baile de cajas y la falta de objetos en el lugar que dejábamos daban la sensación de que avanzábamos en alguna dirección. Por supuesto, no era capaz de intuir cuál era ese lugar.
Para mover los muebles y toda la mierda acumulada me pedí un día libre y alquilé una furgoneta. Ella, por supuesto, no podía dejar de lado sus tareas laborales, así que sería yo el que se manchase las manos. Lo único que delegué fue el alquiler del vehículo; supuse que algo tan sencillo como eso sería fácil de resolver, pero nada más alejado de la realidad. No sé con quién habló, parece ser que con otra tía, que le recomendó una furgoneta de mierda que me obligó a dar más vueltas que una peonza. Daba un viaje tras otro, creo que llegué a los quince trayectos, pero el caso es que con ayuda de un tipo que había contratado, me moví toda la casa en una sola jornada. Cuando ella llegó de su trabajo, fina, delicada y sin una mancha, yo estaba cubierto de mugre, suciedad y sudor. Por supuesto, nada de lo que había colocado estaba a su gusto, así que nos pasamos hasta las cinco de la madrugada moviendo y volviendo a mover los enseres para que quedasen a su antojo.
Al día siguiente llegó la limpieza, todo estaba sucio, gris y caduco, yo no podía más pero tenía que echar el resto. Esa jornada la pasamos juntos, codo con codo, yo recibiendo instrucciones y ello contribuyendo estúpidamente con cuatro cosas. El trabajo duro era cosa mía, yo fui el que rascó la pintura de los suelos y rodapiés, el que frotó sin descanso los azulejos hasta que todo parecía nuevo. Cuando llegó la noche no era persona, era un guiñapo que no podía moverse, con la espalda reventada y mil dolores pequeños que atravesaban mis extremidades. Como no podía ser de otra manera, los gritos, las discusiones y los malentendidos estuvieron presentes de manera constante, así que cuando terminamos mi cabeza y mi cuerpo parecían una caldera a punto de estallar. Salí a la terraza con una cerveza, quería que el viento me relajase, que los ruidos de la ciudad dormida me acunasen para que mi furia se fuese diluyendo poco a poco. Estaba asomado, ensimismado observando la calle y los pocos coches que cruzaban la calzada, cuando me cogió por la cintura abrazándose a mí, esto provocó que se me cayese la cerveza recién estrenada por el balcón. Era una tontería, algo estúpido, sólo tenía que acercarme a la nevera y abrir otra, pero el viaje del vidrio desde mis manos hasta su destrucción en el suelo provocó que me la imaginase haciendo el mismo trayecto. Fantaseé con la idea de cogerla, arrastrarla hasta el borde y empujarla al vacío para ver si de esta forma podía estar unos instantes en paz.
- ¿Estás bien cariño? ¿Te pasa algo? - Me sorprendí a mi mismo totalmente ido, mirando la caída que tenía delante sin prestar atención a lo que me decía.
- No me pasa nada. Siento todo lo que ha pasado hoy. – Contesté aturdido.
- Yo también lo siento.

Realmente no ocurrió nada, hoy por hoy vivimos felices en nuestro nuevo piso, incluso hemos tenido un hijo que es guapísimo y sanísimo, pero en ocasiones me asomo a la terraza, miro al vacío y todavía me sorprendo de las ideas homicidas que pasaron por mi mente. Si una conclusión he sacado de esta experiencia, es que nunca más acometeré yo sólo una tarea como la que realicé, la próxima vez contaré con profesionales, que hasta donde yo sé, no se matan entre ellos.

Nacho Valdés

miércoles, enero 13, 2010

A day in the life




El sábado 16 de enero, a las 12 del mediodía (hora española), y desde su web, Enrique Bunbury estrenará el videoclip ‘Frente a frente’, adelanto de su nuevo álbum, “Las consecuencias”. El vídeo ha sido dirigido por J.A. Bayona y cuenta con la presencia de, además del propio Bunbury, la cantante Miren Iza (Tulsa) y Jeannette.
Extraído de Efeeme

A day in the life


El suplemento NO del prestigioso diario argentino Página 12 convocó los últimos días del año una encuesta para dar con el artista más importante del país en esta última década.
El resultado ha sido la coronación de Andrés Calamaro como lider artístico del país. Asi comentaba el propio cantante su premio :

"Confío en los elementos que empujaron a estos colegas a elegirme", declaró el músico. "Fue una década donde mostré un amplio espectro de recursos humanos, patrióticos en términos de integridad rockera. Yo me siento músico de rock en lo individual y también como parte de un colectivo de músicos del mundo; fui versátil, fui narcótico, vengo del olvido y podría estar terminando la década en la cárcel o en el hospital; de hecho empecé esta década en el hospital y la terminé en el rico Luna Park".

Desde Los Tacones del Desprecio, donde nunca hemos ocultado nuestra simpatía hacia el Salmón, mandamos gracias y aplausos a tan preciado reconocimiento popular y sincero

Canciones para soportar el frío

TULSA - LA CARRETERA



TOM PETTY - THE LAST DJ



ANDRÉS CALAMARO - MIL HORAS (LIVE)

Retratos (Vol. 5)

Agitó su cabeza para hacer perder la mía poco tiempo después. Puso sus pies sobre mis huellas y echó a andar con paso lento evitando pisar las vías del tren.
Sus ojos eran a veces un nido de avispas y otras un paraíso dorado. Sentía como el aullido del motor de los coches robados dinamitaba cualquier esperanza de sueño. Esa música celestial de valientes.
Diez corazones abandonados y nada de dinero. Una mente clara junto a un acorde menor. Éramos barcos encallados en ríos caudalosos, con sus profundidades indescifrables y sus tormentas de verano.
Una noche, una sola noche, el mundo nos envidió de verdad. Supimos de verdad por qué estábamos allí. Comprendimos que nunca más volveríamos a ser los mismos.
Nos reímos….

Detrás de esto sólo hay tiempo perdido. Colmenas de edificios que aguardan para ser habitados. Rutas incandescentes para cuerpos sin gravedad. Música celestial en tiempos de guerra y hambre. Sucia espina dorsal del universo. Invento de las musas y los cuatreros. Esperanza perdida por no comprender la luz a tiempo. Ruido de ventanas siempre cerradas a las buenas palabras. Dolor y sueño.

lunes, enero 11, 2010

En el ángulo muerto Vol. 42


Locura transitoria I

Todo comenzó como una ilusión, una quimera que fue tomando forma hasta que se materializó en un bonito ático con vistas a toda la ciudad. Mi reticencia inicial fue dando paso a cierta permisividad hasta que, de un día para otro, me sorprendí viendo una casa con una chica de una inmobiliaria. El piso era una maravilla, céntrico, luminoso, amplio, aunque un tanto destartalado. Lo más atractivo era el precio, asequible para la zona y no excedía en demasía al de la casa que dejábamos atrás. A mí realmente me daba igual vivir en un sitio o en otro, pero a mi novia parecía importarle mucho la gente de la que se rodeaba. No digo que no sea significativo, aunque para mi gusto era demasiado intransigente, tachaba a nuestros vecinos de incultos o de pueblerinos, cosa que era cierta, pero no había hecho nada por entenderles o acercarse a ellos. El caso es que de la noche a la mañana me vi inserto en una mudanza, los trastos, muebles y demás enseres que habíamos acumulado durante los últimos tres años deberían moverse, limpiarse, reubicarse y demás historias que acompañan a estos eventos. Por otro lado, la casa necesitaba una mano de pintura y que se tapasen las múltiples grietas con las que contaban techos y paredes. Vamos, un trabajo de chinos en el que me embarqué sin dudar, una de estas cosas que acometes con fuerza antes de empezar pero que en cuanto te pones manos a la obra ves enseguida que te quedan grandes.

Lo primero que hicimos fue pintar. Compramos todo lo necesario y acometimos la faena, rodillo arriba y abajo, pincel para las esquinas, distintos colores dependiendo de la estancia que decorásemos. El despliegue era importante y ya comencé a sospechar que el asunto traería más cola que las meras molestias provocadas por la suciedad; la tensión era patente y, cada instante que pasaba, se hacía más evidente. Cada uno teníamos nuestra forma de trabajar. Yo me ponía música y si nadie me molestaba podía tirar durante horas a buen ritmo y sin pestañear, pero ahí estaba la cuestión, las interrupciones comenzaron a ser constantes. No podía dar un paso sin que su chirriante voz me anunciase algún drama que a mí, por supuesto, me parecía una gilipollez como una casa. – Estás manchando el suelo. - -¿Me ayudas a abrir la tapa de la pintura? – No llego a tal sitio. - - ¡Estoy harta de esta mudanza! - - ¡Este color no me gusta!- Así todos los días, durantes varias horas, con el agravante de que era después de cumplir con mi jornada laboral. Como todo tiene un límite, poco a poco, se me iban hinchando los cojones y todos los días acabábamos discutiendo y echándonos los trastos a la cabeza. Para colmo de males, la cosa no parecía avanzar y tardamos muchísimo más de lo esperado en terminar de pintar todo el piso. Los plazos comenzaban a agobiarnos y teníamos que dejar nuestro antiguo hogar, por las noches solía echarme un cigarro con una cerveza en la terraza vieja, añoraba esos días en los que todo discurría sin problemas y no tenía más complicación que ir a trabajar y cumplir con mis responsabilidades cotidianas.

Nacho Valdés

El Regreso

Regresamos engrasados y listos para el nuevo año. Con la fuerza de un tren de mercancías asaltado por pistoleros de sangre hirviendo. Atrás queda 2009 como un cadáver abandonado, seguiremos los pasos del futuro enganchados a una barra de bar, a otra canción y a algún consuelo fortuito. Creednos, somos distintos del pasado año aunque en el fondo somos iguales que siempre.
Corazones Hambrientos o Los Tacones del Desprecio ponen una vez más sus pisadas en la luna.

BUEN AÑO……………………………………..

martes, diciembre 22, 2009

Nos Vamos


Los hambrientos corazones marchamos durante este período vacacional. El próximo año volveremos con espíritu renovado y algunas novedades que discutiremos en soledad.
Mando un saludo a todos los que habéis pasado por aquí durante todo el año pero por encima de todo, quiero dejar un gran abrazo para mi compadre Nacho, aunténtico bastión de éste humilde blog.

"FELIZ NAVIDAD SANGRIENTA, TE DESEA MI CORAZÓN EN VENTA"

lunes, diciembre 21, 2009

En el ángulo muerto Vol. 41


Vagón

La vi por primera vez en el vagón, sentada leyendo con la débil luz de la mañana incidiendo en su cara. Nunca antes me había fijado en ella, a pesar de que llevaba meses haciendo el mismo trayecto no había reparado en la bella muchacha que con aire dormido apuraba la lectura antes de llegar a su destino. Fue una especie de flechazo, durante el resto de la jornada no me la pude quitar de la cabeza, seguía presente ocupando mis pensamientos y evitando que pudiese concentrarme en mis tareas.
Pasé unos días sin volver a encontrármela, su recuerdo se iba convirtiendo en un dibujo cada vez más tenue que, en mi melancolía, iba idealizando. Yo arrastraba una mala racha, lo había dejado con mi novia, con la que vivía desde hacía tiempo y únicamente compartía morada con mi perro. Me sentía solo y desgraciado, también me habían trasladado de oficina y eso me obligaba a tomar el tren todas las mañanas. Se me antojaban frías y estériles, cada cual en silencio sin reparar en los demás, sin relación entre el gentío.
Volví a verla, me pareció una ilusión, una quimera iluminada por el tibio sol del amanecer. Me quedé a la expectativa, sin saber qué hacer o decir, sólo mirar disimuladamente. No me sentía seguro para conocerla pero, en mi interior latía la seguridad de que esa mujer era la respuesta a mis problemas, que supondría mi salvación con respecto a la etapa que estaba atravesando. Por vez primera en mucho tiempo pasé el día con una sonrisa en mi boca, ensimismado en mis pensamientos. ¿Quién era ella? ¿A qué se dedicaba? ¿Tendría pareja? ¿Tenía yo alguna oportunidad? Intentaba resolver el rompecabezas al que me enfrentaba, un puzzle con demasiadas piezas y pocas referencias. Tomé la resolución de hablar con ella, sería la única manera de no arrepentirme en un futuro. De todas formas, la estudiaría con detenimiento antes de hacer nada.
Desde el momento en que me levantaba sólo pensaba en ella, imaginaba el momento en que me encontraría con ella, en el que me acercaría y le diría lo que sentía. Vigilando la subida de los pasajeros descubrí la estación en la que se unía a mí, eso me obligaba a estar atento para cambiarme de vagón y acercarme a mi amor furtivo. Siempre vestía impecable, nunca repetía modelo, era una especie de musa que me impulsaba a levantarme cada jornada. Pasé semanas aprendiendo de sus movimientos, de su boca, de su cara delicada que casi nunca levantaba la mirada del libro. En apariencia era una chica solitaria, una más de las decenas de miles de personas que deambulan por la ciudad. Nada parecía denotar que tuviese pareja o que estuviese comprometida, más que nada era un pálpito, una sensación que no se poyaba en ninguna certeza. Aunque era suficiente para mantenerme animado.
Esa mañana nuestros ojos se cruzaron, una mirada perdida recayó en mí, aparté la vista inmediatamente para volver a dirigirla al instante, me sonrió. Fue suficiente para pasar el resto del día entre ensoñaciones, fantaseando con la posibilidad de hablar con ella. Decidí que era el momento, la complicidad que mostró al mirarme indicaba que había reparado en mí, no era una cara anónima, era el tipo al que había iluminado con sus ojos claros.
Cuando subió me armé de valor, esperé unos segundos y volvió a reparar en mí. Sacó su libro y se hizo la despistada, yo sabía que estaba esperando a que me levantase y me acercase. Aguanté unos minutos, mientras las paradas iban pasando, el tiempo se me agotaba y no podía dejarlo pasar. Disponía de unos instantes preciosos aunque no era capaz de dar el paso, el miedo al fracaso me retenía. La voz impersonal que anunciaba la próxima estación me espoleó para levantarme, menos de un minuto para acercarme y presentarme. Una curva en las vías me dejó ver la estación de Atocha a lo lejos, me dirigí a paso bamboleante en su dirección. Levantó la cabeza, volvió a sonreírme, el calor subió a mis mejillas. No me acobardé, continué con mi paso vacilante. Abrí la boca pero nada salió de mi boca, el sonido de la explosión ocultó el lacónico saludo que iba a dirigirle.
Desperté en el hospital, tuve suerte de salir prácticamente ileso, si me hubiese quedado sentado probablemente hubiese desaparecido hecho pedazos. De ella nunca supe nada más. Cuando me recuperé volví a tomar el mismo tren, todos los días a la misma hora, pero a pesar de que tenía que abrirme paso a empujones, ese vagón quedó definitivamente vacío para mí.

Nacho Valdés

lunes, diciembre 14, 2009

En el ángulo muerto Vol. 40


Declaración II

En octubre empezamos la universidad, la mayoría íbamos a campus cercanos pero inevitablemente se produjo la separación que tarde o temprano llegaría. Eran muchas emociones nuevas, gente diferente y ambientes a los que no estábamos habituados. Quién más, quién menos se separó del parque que había sido nuestro centro neurálgico durante tanto tiempo. Los fines de semana nos reuníamos, salíamos por ahí a beber, pero cada día me aburría más, nuestros intereses iban por caminos separados. Él seguía presente, impertérrito, elegantemente vestido como un maniquí de una tienda gay. Comenzó a tomar la costumbre de hacer las cuentas cada vez que comíamos o bebíamos algo cuando quedábamos, al principio no reparé en ello, pero un día que me quedé de los últimos faltaba dinero. El muy hijo de la gran puta no pagaba nunca, siempre se encarga de contar la pasta para ahorrarse cuatro mierdas. Por supuesto nunca compraba tabaco y comencé a verle como lo que era: vil, servil y caradura. Resultaba anecdótico, pero me ponía enfermo el hecho de que por ser un puto jeta pudiese salir siempre de rositas de esas situaciones. Como tampoco era cuestión de crear mal ambiente cada vez que nos veíamos, pasé del tema, guardé un resquemor que fue creciendo como un maldito virus.
Llegó un momento que cada vez que le veía el estómago me daba un vuelco, él lo sabía y de manera sutil hacía todo lo posible para que yo estuviese separado de los demás. Pequeñas críticas, no avisarme para las cenas y reuniones y esos mínimos detalles que iban lastrando mi peso y relación con los demás. Yo no era consciente de todo esto, desde fuera yo me veía actuar igual que siempre, pero el espíritu gregario de la manada estaba trabajando para dejarme fuera, para eliminarme sin remisión. El muy cabrón trabajaba bien. No se le notaba pero siempre estaba detrás de las situaciones extrañas que me rodeaban cada vez con mayor frecuencia.
Una noche, por una tontería, discutí con un buen amigo. Podría haber sido algo normal, sin importancia, pero me sorprendió la virulencia de sus palabras. Me quedé dolido, sin saber qué era lo que sucedía. Lo único que me quedó patente fue que desde la lejanía, entre el humo de tabaco y la oscuridad del garito, unos dientes resplandecían, una sonrisa maliciosa me traspasó de lado a lado. El bastardo había sido testigo de la situación y había disfrutado con lo que había visto, le traspasé con la mirada y apartó la vista. Le había dejado claro al muy rastrero que éramos enemigos, que haría todo lo posible para acabar con él. Dejé pasar un par de días y llamé a mi colega, mis sospechas se convirtieron en certeza, el cabrón había estado malmetiendo contra mí, enemistándome con los que habían sido mis compañeros y amigos. La situación era tan enrevesada, tenue y bien hilada que poco podía hacer para volver a poner las cosas en su sitio. Ya me daba igual, estaba muy decepcionado y realmente había personas que no merecían la pena. Lo único que me apetecía era partirle su cara de maricón, joderle su puta nariz de cerdo.
Quedé con el colega con el que había arreglado las cosas, nos bebimos unas cuantas y calentamos los ánimos. Estaba cabreado, hasta la polla de la nociva ponzoña que había llegado desde fuera. Cuando llegó el muy ruin, yo ya estaba bastante pedo, me mantenía bien pero la lengua se me trababa un poco. Se nos acercó con una sonrisa en la boca, con su puta dentadura de caballo mandando destellos en todas direcciones. Me pidió un cigarro. Eché la mano al paquete, sin pensarlo, aunque a medio camino se desvió hacía una jarra de cerveza que estaba en la barra. Se la estampé en la cara, sin mediar palabra, sin avisar, con frialdad. El cerdo comenzó a sangrar con la cara partida, chillaba como si le fuese la vida en ello. Me tiré sobre él, comencé a golpearle, rítmicamente, con estilo y sin pausa. El tío se iba desfigurando a cada golpe, sentía como mis nudillos deformaban su cutis de porcelana teñido de rojo. La nariz se le torció y estaba tirado como la mierda que es, nos separaron, pero todavía tuve tiempo de soltarle una patada en su sucia boca. Se lo llevaron en camilla, mellado, desfigurado y destrozado. Yo me fui en coche patrulla, me denunció y todavía estoy pagando su puta ortodoncia. Hoy no lo volvería a hacer, más que nada porque iría al trullo de cabeza, pero tengo que decir que disfruté como el cabrón que soy.

Nacho Valdés

jueves, diciembre 10, 2009

En el ángulo muerto Vol. 39


Declaración

El tipo desde un principio me había resultado un poco imbécil, no demasiado, es la verdad, pero algo había visto en él que no terminaba de gustarme. Llegó cuando estábamos en tercero, cuando formábamos una gran pandilla en la que cualquier desgraciado, yo incluido, con un poco de gracia tenía cabida. Resultó ser la novedad de ese año, un tío alto, que vestía diferente e incluso un poco afeminado, o por lo menos eso nos parecía. Su aíre chulesco e impertérrito ante las provocaciones nos convenció, le hicimos un hueco entre nosotros, aunque, como ya he dicho, no suponía ningún mérito.
Al principio no hablábamos mucho, era el nuevo, el maldito marica que no me hacía demasiada gracia; creo que eso supuso el principio de nuestra extraña relación. Hay que reconocer que acabó por caerme ligeramente simpático, tenía una ironía especial a la hora de poner a parir a todo el que se moviese, debía ser resultado de su afeminamiento, pues tenía esa habilidad propia de las mujeres para señalar los aspectos negativos de todo el mundo.
Con la llegada del primer verano nos quedamos prácticamente solos. Como casi siempre yo había suspendido y me tenía que quedar en el barrio mientras mi familia iba a la playa, realmente me daba igual, me lo montaba bastante bien solo sin necesidad de irme hasta un lugar atestado de gilipollas. Lo malo es que se produjo un éxodo masivo, que si uno al pueblo, que si otro a la montaña, que si a la costa, que si el de más allá estaba enchochado y no se le veía el pelo. Me vi solo en la ciudad, sin nada mejor que hacer que bajar al parque en busca de alguien que me hiciese compañía. El primer día volví solo a casa, incluso abrí un rato los libros pues me aburría soberanamente. El segundo día estaba allí plantado con el pelo engominado, en el banco que ya nos pertenecía por una especie de derecho adquirido. Fue una tarde extraña, confusa, en la que no sabíamos bien de qué hablar, pero al final decidimos quedar para el día siguiente. La cosa se fue animando, nos comprábamos un par de litros y estábamos un buen rato charlando, parecía que la confianza crecía. Decidimos, con buen criterio, recorrer las fiestas de los pueblos de la Sierra para cambiar de aíres. Resultó ser un buen verano, conociendo chicas, bebiendo copas y bailando hasta altas horas con la música de las verbenas. Lo único que continuaba sin gustarme, a pesar de que me hacía reír, era que siempre aprovechaba para criticar a todo el que no estuviese presente. Yo le seguía el juego hasta cierto punto, pero debió darse cuenta de hablaba de mis amigos y tampoco se soltaba demasiado.
El siguiente curso tenía que salir del Instituto con dos pendientes del año anterior, ningún profesor creyó en mí y me pusieron al final de la clase. Me desvinculé del parque y me dediqué a lo que tenía que hacer, que no era otra cosa que estudiar y demostrar a los mediocres educadores cuan errados estaban. Él se hizo un hueco definitivo, era uno más y siempre que me acercaba a ver a la pandilla estaba presente. Fue un año duro, de privaciones a las que no estaba acostumbrado, aunque finalmente la recompensa llegó en forma de un mísero aprobado que, al menos, evitó que tuviese que ir a septiembre. Mientras, él comenzó a trabajar, a mostrarse como realmente era. Un tipo ladino, cobarde y con ansias de notoriedad. Resultó que pasó todas mis ausencias poniéndome verde, haciéndome blanco de todas las estupideces que se le pasaban por la cabeza. Yo tenía la mente en otro lado y tampoco reparaba en lo que sucedía alrededor, simplemente su veneno iba calando poco a poco, fluyendo entre las amistades que tanto tiempo habían aguantado.
Con la llegada del calor todos volvieron a irse, yo incluido, no pensaba volver a derretirme caminando por el puto asfalto recalentado. Decidí largarme al norte, a trabajar de camarero para después ir de gorra con mis viejos a la playa, el plan resultó perfecto; ahorré dinero y tengo que reconocer que nunca había visto a mi familia tan contenta.

Nacho Valdés

martes, diciembre 08, 2009

Vacaciones Sonoras

Amigos....el puente acabó y esta fue su banda sonora :


Joe Henry



Dan Bern




Dexateens





Por cierto, hoy mismo hace 29 años, acribillaban a John Lennon a las puertas del edificio Dakota.

viernes, diciembre 04, 2009

A Day in the Life


Hoy hace nueve años ya que nos dejó el pirata Julian Infante. El auténtico tierno canalla, tequilero y rodríguez.


SALUD Y UN SOL Y SOMBRA PARA JULIÁN....


martes, diciembre 01, 2009

En el ángulo muerto Vol. 38


Días de calor

Las observé desde el banco en el que estaba sentado, parecían llegar de pasar el día en la piscina, con el pelo alborotado y húmedo. La luz del atardecer incidía sobre su piel tostada, parecían figuras de bronce. Yo simplemente observaba, sin que las dos muchachas reparasen en mí. Era lo único que hacía, mirar y mirar sin que nada me llamase la atención, pero ese instante fue diferente, prácticamente mágico, volvió a reengancharme con la vida que se me escapaba. Estaban a contraluz, hablando y riendo mientras caminaban en mi dirección. Yo había elegido una sombra, un lugar que no fuese demasiado caluroso para poder dejar pasar el tiempo hasta la hora en que iría a cenar a casa de mi hija. Se detuvieron, una se apoyaba en la otra aguantando una carcajada que luchaba por salir, no me daba cuenta, aunque el espectáculo vital que tenía ante mí estaba despertando mi instinto de supervivencia perdido.
Recordé los veranos lejanos en los que íbamos a disfrutar al río, los eternos y calurosos días en los que lo único que debíamos hacer era pasarlo bien, sin reparar en el futuro, sin preocuparnos por el presente y sin dar cuentas a nadie de lo que hacíamos. Eran jornadas durante las que escapábamos del férreo control de la escuela, de la tiranía de nuestros padres y de cualquier responsabilidad que tuviésemos durante el gris invierno. Era un tiempo de altas temperaturas, de sonido de chicharras pero sobre todo de luminosidad, de una luz intensa que ahogaba cualquier matiz de color, de tonos sepia que te obligaban a cubrir los ojos para no quedar deslumbrado. Todo eso se me había olvidado, lo había enterrado bajo las capas de vida adulta que habían acabado por lastrarme tanto que ocasionaron la pérdida de mi identidad, de un enajenamiento atroz del que no pude huir.
Todo se rompió por la mañana, de madrugada y sin que el sol bañase la tierra. Busqué a mi lado, pero antes de que mi brazo la tocase algo me había dicho que no la encontraría, que ya se había ido y que no me había esperado. Su cuerpo estaba frío, rígido. Pasé el resto del día abrazado a ese organismo sin vida, intentando evitar el levantarme con la terrible certeza de la pérdida y el abandono. No sé si fue por despecho, por egoísmo o por un simple enamoramiento que duraba ya demasiados años; lo único que sé es que en ese instante perdí algo, no sabría decir el qué, sólo sé que estaba relacionado con la escasa humanidad que todavía albergaba en mi interior. A partir de ese instante ya nada volvió a estimularme, todo se volvió gris.
Lo que me rodeaba se abalanzó sobre mí, la luz, el calor, el sudor y el recuerdo se imbricaban en mi interior produciendo un cambio, una especie de metamorfosis. Algo así como un despertar violento, un ejemplo de cómo la vida puede acechar en el momento más inoportuno, en el instante en el que menos queda, en el que has consumido prácticamente la totalidad de tu ciclo. Sin embargo, esa pequeña certeza que arraigó en mí, que creció como un embrión ha provocado que me levantase, que comenzase a buscar en cada uno de los días lo que ya no tengo: ilusión.
Mientras ellas reían, compartían confidencias y continuaban su camino no repararon en un viejo al que ayudaron a vivir sus últimos días de soledad. Vi como se alejaban, no sé quienes eran, ni de donde venían, nunca volveré a contemplarlas pero sin hacer nada consiguieron dármelo todo.

Nacho Valdés

A Day in the Life