Creí
que todas esas palabras
eran de verdad.
Rocas de un mar nocturno
para el barco de nuestro destino.
Pero a medida que las iba expulsando
como en un largo y sufrido parto
entendí que poco o nada decían de nosotros
esos adornos crespusculares sin luz verdadera.
Hoy,
sintiéndolas extrañas a pesar de ser mías,
encuentro mucho más cercano
un simple te quiero
a todo ese proyecto de ruina planificada.
Ahora que ya nunca estoy solo
no me reconozco en mis partes oscuras
esas que tanta luz tuvieron
y que en este instante parecen formar parte de otro yo
anquilosado en un pasado lejano.
De vez en cuando la pistola da la vuelta
y apunta a mi cara
pero nadie hay para apretar el gatillo
porque sé que no vale la pena morir
que toda mi vida esta en sus ojos y en sus manos
porque hoy soy otro
mucho mejor de lo que nunca fui.
Es por eso
que las falsas palabras nunca harán sombra
a una mañana abrazado a mis hijos
soñando con todo lo que nos queda
por vivir.
Creo que es síntoma de madurez el ir aceptándose en las distintas etapas vitales. Me da la impresión de que tocas este tema y la verdad es que lo enfocas de forma muy lírica y, en algunas partes, siéntome reconocido.
ResponderEliminarBuen Vietnam.
Abrazos
Merci...
ResponderEliminar